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Convergentes, conversos y el califato catalán

La perorata masiana demuestra hasta qué punto es cierto el peligro del terrorismo islámico en Cataluña.

Pablo Planas
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Treinta y seis ministros de Asuntos Exteriores, los de la Unión Europea más los cancilleres y representantes de Marruecos, Argelia, Túnez, Egipto, Israel, Jordania, Líbano y los territorios palestinos, formaron el selecto auditorio que aguantó la pedrada del discurso del mandatario regional Artur Mas en la apertura de la cumbre euromediterránea en Barcelona sobre terrorismo, inmigración y energía. En opinión de Arturu, paridas en comparación con el prusés catalán, verdadero punto filipino del orden mundial.

Mas gozó del privilegio de hablar en semejante foro por la gentil invitación de García Margallo, nuestro titular de Exteriores y experto en el tema catalán porque se llevaba bien con Junqueras en el parlamento europeo (le llamaba Junqui, con eso está dicho todo). Y Mas aprovechó su turno para referenciar al descuido el origen del primitivo "Estado" catalán en el imperio carolingio, de modo que lo de Juego de Tronos al lado de las teorías de Mas es un prodigio de precisión cronológica, rigor histórico, investigación forense y técnica científica.

A saber y según Mas, Cataluña es fruta mediterránea que madura con Carlomagno, "cordón umbilical" eurocatalán que ha impedido que los catalanes de pura cepa olviden sus raíces y puedan mantener viva la llama de su personalidad diferenciada y tralarí and tralará. Parece ser que el ministro argelino daba cabezadas y el francés cabezazos ante el folclórico mitin, que venía a ser algo así como invitar a las delegaciones árabes a una degustación de perniles y un vino español antes de afrontar la chorrada de que hay gente que muere y gente que mata en nombre de Alá.

La perorata masiana demuestra hasta qué punto es cierto el peligro del terrorismo islámico en Cataluña. Los Mossos, por orden de la Audiencia Nacional, llevaron a cabo la semana pasada una redada para desarticular una franquicia del Estado Islámico en Barcelona y alrededores. Pretendían volar una comisaría de la Guardia Civil, otra de los Mossos, para no discriminar, y degollar a un particular al objeto de difundir el vídeo. Sólo les faltaba el mono naranja para la víctima, que es difícil de encontrar y cuya búsqueda puede levantar las lógicas sospechas entre los tenderos.

Cinco de los detenidos eran españoles y residentes en Cataluña, conversos radicalizados en las mezquitas polvorín, garajes convertidos en oratorios del odio. Otros cinco eran marroquíes y completaba el once de la yihad local un paraguayo. En paralelo, el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, incidía en las conexiones islámicas de Convergencia, el partido, a través de una fundación llamada Nuevos Catalanes cuyo objeto es captar para la independencia el voto islamista.

Peccata minuta, como que un alto cargo de Nuevos Catalanes fuera expulsado por espía o que otro de sus líderes se fotografiara con un AK-47 en un ignoto paraje paquistaní. Una nonada, como Junqueras en el rezo de los viernes en la mezquita de Molins antes de propagar su participacipación en las procesiones católicas de Semana Santa a través de las redes sociales. ¿Qué hacia Junqueras ahí? Lo que le sale del magín y en su derecho está, pero dedicándose a la política es más fácil suponer que estaba intentando convertir a los fieles mahometanos al nacionalismo en vez de al catolicismo, del que se dice practicante, o al budismo, que implica no pisar la hierba, o a la democracia, que consiste en no degollar a los vecinos.

Dicen los islamistas que han hablado con ERC o Convergencia, sean conversos o pata negra (si es que se puede hablar en esos términos y en este caso), que una Cataluña independiente sería friendly con el islam en versión cafre, el islam de la sharia, el burka y la lapidación de las adúlteras. Y de eso es de lo que no dijo ni pío el carolingio de Mas, de que la semana pasada cayó en Barcelona una célula del Estado Islámico dispuesta a reconocer la independencia de Cataluña, pero no dentro de la federación de repúblicas ibéricas sino del Califato.

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