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Convocan un referéndum y decimos que llueve

Cataluña es ahora mismo un terreno abonado a la comedia, a lo pintoresco, raro y anecdótico.

Pablo Planas
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Los más sesudos, reputados y finos analistas del fenómeno catalán, con los líderes unionistas a la cabeza, han concluido que el anuncio de referéndum con fecha y pregunta(s) de Artur Mas es, en realidad, un acto de consumo interno que le permite ganar tiempo y hasta agotar la legislatura autonómica. No habrá consulta, afirman convencidos. Se ha definido con mucha precisión el movimiento y su alcance, un mero amago, una finta retórica. El bloque separatista, una vez hecho el anuncio y compuesta la cuestión, eleva a las Cortes la petición de traspaso de la competencia sobre referendos. PP y PSOE dicen que no. Y UPyD. El bloque separatista aprueba una ley catalana de consultas y convoca lo suyo. El TC tumba la ley, etcétera. Y así hasta las autonómicas de 2016, a las que se otorgaría la categoría de plebiscitarias.

Esta predicción, con la variante de unas autonómicas anticipadas en la fecha prevista para la consulta, 9 de noviembre de 2014, es la que ha calado de forma mayoritaria y la que exhiben con cierta suficiencia los connaisseurs más selectos en artículos, tertulias y entrevistas. Duran habría tenido un gran protagonismo en las bambalinas de la confección de una fórmula de consulta que sería la primera evidencia de que ni sus impulsores creen que se vaya a celebrar. Perfecto. CiU habría hecho lo de siempre y habría llevado al huerto al despistado de Junqueras. Punto para Mas.

Esa sofisticada lectura de la realidad, de una finezza digna de los más exquisitos paladares, aconseja a Rajoy no incurrir en excesos de ningún tipo, no tomarse en serio el envite, que vendría a ser como un brindis al sol para llegar a la prórroga en un combate nulo. Sentido del humor, mucho humor, recomiendan. Es verdad que Cataluña es ahora mismo un terreno abonado a la comedia, a lo pintoresco, raro y anecdótico. Por momentos, la construcción de las estructuras de Estado de la Generalidad parece una de espías. ¿Y qué decir del congreso de historiadores? Todavía resuena el eco de las carcajadas. ¿Y qué no decir de las autocomparaciones del president Mas, ora líder negro de los derechos civiles, ora Moisés separando las aguas del Mar Rojo? ¿Y lo de las CUP? Para partirse la caja, sí.

Ocurre, sin embargo, que mientras sigue la juerga, entre caña y tapa, Mas, Junqueras y el chaval de la sandalia por un lado y la sociedad civil de la monja Forcades por otro no dan un paso atrás ni para tomar impulso, que decía Fidel, gracias a los fondos del Estado y a esa idea de que no pueden ir en serio, de que en realidad estamos celebrando y financiando el año Eugenio, el del saben aquel que diu.

Esta manera de calibrar la envergadura de lo que ocurre y puede ocurrir en Cataluña, entre la moderación y el relax, la distancia irónica y el chisme político, está muy bien. Mucho mejor que hablar de la quiebra emocional entre los catalanes y el resto de los españoles o de la fractura social que genera el relato de "España contra Cataluña". Mientras, aumenta sondeo a sondeo el número de ciudadanos que cree que España les roba y les impide decidir su futuro, que se les aplica unas leyes de excepción sólo a ellos y desde hace trescientos años y que mientras Cataluña es una nación, España es un Estado entre criminal y fallido. Han ganado, entre tantas otras, la batalla del lenguaje, mientras en Madrid recitábamos a Pla. Se nota en que convocan un referéndum y decimos que llueve.

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