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Daneses y tabarneses del año

El viaje del Cocomocho a Copenhague ha servido para constatar que no todos los profesores de Políticas son como Pablo Iglesias y su tropa de indigentes mentales.

Pablo Planas
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Como no hay mal que por bien no venga, el viaje del Cocomocho a Copenhague ha servido para constatar que no todos los profesores de Ciencias Políticas son como Pablo Iglesias y su tropa de indigentes mentales. En Dinamarca hay al menos dos politólogos que no tienen nada que ver con el espécimen generalizado en las universidades españolas, en las que arrasa el primitivismo mental, indumentario y conductual.

Se esperaba el expresidente regional el típico acto académico a la catalana y topó con los profesores Christian F. Rostbøll y Marlene Wind, quienes en calidad de ponentes de la sesión titulada ¿Cataluña y Europa, una encrucijada de la democracia? propinaron al legítimo una soberana paliza que difícilmente habría sido posible en una universidad catalana o del resto de España.

Rostbøll y Wind se mostraron implacables en la denuncia de las mentiras proferidas por Puigdemont en su mitin inicial y le acorralaron con preguntas que sólo se atreverían a hacer en España los medios y entornos intelectuales vetados y represaliados por las Administraciones de los separatistas, que son todos aquellos, pocos, que no babean con un exalcalde de Gerona devenido en mojón a la investidura presidencial de las elecciones catalanas de Rajoy. Si el señor Rostbøll fue duro en su denuncia del criminal ingrediente populista del separatismo catalán, la señora Wind se mostró aún más inclemente, al punto de lanzar sobre el Cocomocho una cascada de preguntas que culminó con la siguiente cuestión: "¿Están intentado hacer una limpieza étnica?".

El bofetón sonó hasta en Ripoll y propició que el expresidente catalán incurriera en una incriminatoria defensa del sistema lingüístico y educativo del régimen nacionalista que contribuyó a poner aún más de manifiesto los propósitos racistas del separatismo. En su biliosa réplica a Wind, el candidato a la investidura propuesto por el apaciguador (según el Gobierno) nuevo presidente del Parlament, el republicano Roger Torrent, llegó a decir que el futuro Estado catalán permitirá a quien así lo pretenda mantener la nacionalidad española. De lo que no habló el supremacista catalán fue de las consecuencias que tamaña osadía podría tener en la república balcánica catalana.

Contra todo pronóstico, Rostbøll y Wind convirtieron la excursión del radovan Puchimón a Copenhague en un alegato internacional contra el racismo catalanista. Pese a la pavorosa incompetencia del Gobierno de Rajoy, ellos dos, Wind y Rostbøll, han demostrado a las claras el peligro implícito en que un tipo como el candidato del bello Torrent a la investidura continúe disponiendo de cuartelillo en Madrid y Bruselas. Ya que no se los disputarán como profesores de intercambio en la universidad autónoma de Barcelona, no estaría de más que las autoridades tabarnesas reconocieran a estos dos profesores daneses como compatriotas del año en los premios de la primera gala Freedom for Tabarnia.

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