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El 155 como mínimo

Están chiflados y son peligrosos. A falta de Estado, sólo les frena que se odian entre ellos.

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El presidente de la Generalidad, Quim Torra, y la alcaldesa de Gerona, Marta Madrenas. | EFE

El tipo que preside la Generalidad por delegación de Carles Puigdemont no ha tenido mejor ocurrencia que jalear a los Comités de Defensa de la República (CDR) que han dedicado el 1 de octubre a cerrar estaciones y cortar calles y carreteras. A Quim Torra le parece estupendo que grupos de zánganos, macarras y matones se paseen por Barcelona un lunes por la mañana interrumpiendo el tráfico y pegando vivas a la república catalana, que se asalte la estación del AVE en Gerona o que en esa misma ciudad se arríe la bandera española del edificio de la delegación de la Generalidad. De hecho, Torra se jacta de que parte de su familia milita en los CDR y lleva un cabreo de mil demonios porque los Mossos impidieron el sábado que sus chicos reventaran a palos la manifestación de Jusapol.

Torra quiere que haya mambo, le va la marcha y no tiene ninguna intención de apaciguar los ánimos, sino todo lo contrario. Es un pirómano desbocado, un irresponsable al que no se le cae de la boca la desobediencia y todas las vainas de que las calles serán siempre suyas y ni un paso atrás. Torra llama a la insurrección y ata a los Mossos en corto para que no se les ocurra impedir las pacíficas actividades de los CDR y la CUP. Genera tensión y crispación, busca el estallido que precipite un conflicto abierto, que el separatismo se eche a la calle definitivamente y hasta tumbar la legalidad. El tan cacareado "control del territorio" que falló el año pasado.

"Amigos de los CDR, presionad, hacéis bien en presionar", ha dicho Torra. Un presidente autonómico incitando a cometer sabotajes a las partidas de encapuchados patrocinadas por la Generalidad. Claro que no es precisamente una novedad en Cataluña que los separatistas se salten las leyes a la torera y pisoteen los derechos de la población no independentista. Torra está fuera de la ley e incurre día sí y día también en pronunciamientos que están pidiendo a gritos una respuesta judicial. Pasa que no le va nada mal. Tiene a medio Gabinete de Sánchez pidiendo a gritos la excarcelación de los golpistas.

Hay motivos más que sobrados para aplicar un 155 ampliado, mejorado y por tiempo indefinido. El Gobierno catalán no se hace responsable de la seguridad ciudadana y su presidente celebra los disturbios y alteraciones del orden público protagonizados por sus amigos. Las escuelas están llenas de propaganda separatista, los profesores de bachillerato animan a los alumnos a manifestarse contra el Estado franquista y hay gente que cree que cientos de miles de policías causaron miles de muertos entre los millones de catalanes que sólo querían votar. De hecho hay una asociación de víctimas del 1-O, un ciudadano que perdió un ojo y decenas que sufrieron ataques de ansiedad al ver las cargas por televisión. Por todos ellos y en especial por el ojo han guardado Torra, Colau y toda la banda de la ANC, Omnium, los sindicatos y los CDR un sentido minuto de silencio. Tal cual. Están chiflados y son peligrosos. A falta de Estado, sólo les frena que se odian entre ellos.

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