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Pablo Planas

Hay vida después de la corrupción

España destaca por su resiliencia frente a las infantas sin honra y los ladrones políticos.

Pablo Planas
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España destaca por su resiliencia frente a las infantas sin honra y los ladrones políticos.
Cordon Press

En España se condena y se condona lo que haga falta. Curado de espanto, el ciudadano tiene el gen del escepticismo y un abundante refranero del recelo como virtud. La tierra se hunde bajo los pies de Ignacio González, que arrastra en su caída a Esperanza Aguirre en una virguería de demolición controlada que incluye las bochornosas tripas del poder y los medios de esa derecha que demuestra su irrefrenable propensión a la irresponsabilidad y la estulticia pagándole la fiesta a Podemos, la izquierda más inculta, vengativa, rastrera, chusca y rabiosa de toda Europa.

Puede parecer el fin del mundo, pero personajes arquetípicos de la corrupción política y la que no es política en sus más variadas especialidades son tenidos sin mayores miramientos por grandes patricios y hombres de honor en el sentido no siciliano de la expresión. Felipe González, por ejemplo, goza de un gran reconocimiento y se ensalza su época como si aquellos no fueran los años en los que empezó el gran saqueo. Hasta Jordi Pujol se pasea ya por la calle con normalidad, frecuenta algunos viejos restaurantes y ha superado el trance de la confesión sobre la calderilla de la enorme fortuna familiar. La vida sigue, la justicia es lenta y la política, indulgente.

El mayor de los Pujol Ferrusola, como todos señalados, se mueve entre canales, de Isabel II a Panamá pasando por las Islas del Canal, con la pericia de un Danny Ocean en el Bellagio, mientras a su padre le acaban de conceder la gran orden del presidente mártir de la Generalidad de Cataluña. Según el manifiesto firmado por Puigdemont, Junqueras y todos los consejeros en el que se comprometen a celebrar un referéndum, Pujol es un represaliado político del Estado totalitario español, un héroe de la democracia, un freedom fighter de primera. "El pasado más inmediato", reza el texto, "nos recuerda que todos los presidentes de la Generalidad del siglo XX sufrieron exilio o prisión por defender nuestras libertades, con el asesinato del presidente Companys como paradigma de hasta dónde está dispuesto a llegar el poder estatal para detener nuestra voluntad".

Quienes sustentan semejante disparate refieren el encarcelamiento de Pujol durante dos años y medio por ser el autor de un panfleto en el que llamaba "corrupto" a Franco. "Sabe que un país podrido", escribía Pujol sobre el dictador, "es fácil de dominar, que un hombre comprometido por hechos de corrupción económica o administrativa es un hombre prisionero". Habló la sartén, se cree el ladrón y con el cazo en la mano. Todo pasa. España destaca por su resiliencia frente a las infantas sin honra y los ladrones políticos. Parece que hiperventila, pero sólo ronca.

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