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Para evitar muertos en Cataluña

La única manera de evitar tragedias personales en Cataluña es aplicar el artículo 155 con generosidad y por tiempo indefinido.

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La única manera de evitar tragedias personales en Cataluña es aplicar el artículo 155 con generosidad y por tiempo indefinido. El separatismo ha perdido por completo el sentido de la realidad. Torra se hace acompañar en los actos por unos tíos disfrazados de payeses que pegan tiros de trabuco al aire a modo de salvas de homenaje a las "víctimas" del 1-O. También lleva consigo castellers, sardanistas y a los CDR, por supuesto. Es un circo ambulante, pura diversión, salvo para los miles de afectados por los cortes de carreteras y los asaltos a estaciones de tren de los encapuchados, que hay que ver lo que aprietan en los días señalados.

Desde que se constituyó el Gobierno catalán, ni Torra ni ninguno de los consejeros han hecho otra cosa que visitar los presos y al vecino de Waterloo. Mandan Puigdemont y Junqueras, que no se comunican ni por terceros desde que uno le puso la zancadilla al otro y viceversa. El primero tarda en procesar la información que le llega a Bélgica porque el partido de sus amigos es un par de grupos de Whatsapp de independentistas pijos que se ponen a parir entre ellos mismos. El segundo maneja los hilos de ERC desde la prisión de Lledoners a la vieja usanza de los grandes capos. Baste decir que a la consejera de Justicia, la de las cárceles, la designó él. Pero se le escapa el control total de la Generalidad y le falla la conexión en Madrid porque nadie se toma en serio ni a Rufián ni a Tardà.

En cuanto al representante de Puigdemont, hay imágenes y cortes de voz de Torra dando ánimos a los CDR, departiendo amigablemente con los que habían acampado en la Plaza de San Jaime, levantando el puño y arengando a unos universitarios que venían de lanzar botes de pintura y piedras contra la Jefatura Superior de Policía, cosas que deben ser delito hasta en Schleswig-Holstein.

Moncloa le resta importancia. Dicen que es sólo retórica, que Torra no se ha fotografiado con cinco requerimientos del Tribunal Constitucional antes de usarlos en el retrete. Cierto. No le hace ninguna falta porque, según la terminología indepe, esa pantalla ya está superada. Lo hizo Puigdemont y "ni un pas enrere [atrás]", que gritan los cachorros de Torra cuando se mean en la pechera de los Mossos d'Esquadra maniatados por sus jefes políticos.

Se queja Torra de que el Gobierno de Sánchez es igual o peor que el de Rajoy. Tiene razón. Según el representante de Puigdemont, la represión contra los independentistas es la misma, pero en eso se equivoca. El PSOE presiona a los jueces para liberar a los golpistas y machaca a los fiscales para retirar los cargos mayores. En lo que son iguales Sánchez y Rajoy es en la bovina pasividad con la que contempla el bello Pedro el galopante deterioro de la situación en Cataluña. Mientras se sucedían los episodios de violencia en Barcelona el pasado lunes, el doctor tuitero emitía mensajes sobre los preparativos socialistas para las municipales. Pues claro que sí, guapi. "La violencia no es el camino", se permitió sugerir a Torra el día después del intento de asalto al Parlament.

El president le respondió con un ultimátum porque era martes. Este miércoles le ha mandado una carta para quedar en Barcelona y hablar de la autodeterminación, pero ya sin plazos. Y todo esto a espaldas de sus socios de gobierno y de la CUP. En paralelo, lanza advertencias y amenazas contra los jueces y el Rey en el Parlamento regional. Hay abundante literatura científica sobre esa clase de comportamientos.

Los separatistas no están dispuestos a permitir que sus líderes se pasen ni tres años entre rejas o dando tumbos por Europa. No se les puede negar la claridad con la que manifiestan que están dispuestos a incendiar las calles si hay condenas. Se podría pensar que, como en el caso de la ilegalización de Batasuna o la aplicación del 155, las calles son un mito, pero las amenazas de los separatistas constan en acta parlamentaria. El portavoz de ERC en el Parlament dice que el pueblo de Cataluña se rebelará y Torra se suma entusiasmado a la moción. Llevan años acosando a la ciudadanía refractaria a sus delirios totalitarios, machacando los derechos lingüísticos y laborales de más de la mitad de la población, inoculando odio y racismo.

No se puede esperar a que los separatistas cometan otra ilegalidad porque ya las han cometido todas y siguen mandando en Cataluña. Torra no va a volver a proclamar la república porque sería una redundancia. Lo que está diciendo es que el punto de partida es la autodeterminación y que, como haya condenas, el separatismo se echará a la calle y que pase lo que Dios quiera, muertos incluidos. Es evidente que hay que suspender la autonomía de Cataluña.

No aplicar el artículo 155 frente el 9-N de 2014 condujo al 1-O de 2017, que se podría haber evitado de haber intervenido la Generalidad justo después del golpe parlamentario del 6 y 7 de septiembre de ese mismo año. Aplicar el 155 para convocar elecciones autonómicas fue un error que no niega ni Rajoy. No aplicarlo ya y por tiempo indefinido es, vistos los antecedentes, un auténtico suicidio. Al contemporizar con los golpistas, Sánchez no sólo condena a España, sino que se hace el harakiri. Por mero instinto de conservación, debería promover inmediatamente el cese del Gobierno regional catalán.

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