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Pablo Planas

Telecoca en Barcelona

La degradación es de tal naturaleza que hasta Colau pide socorro. Si algo puede salir mal, Barcelona es la capital.

Pablo Planas
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Pablo Planas - Telecoca en Barcelona
Ada Colau | EFE

Barcelona no necesita un alcalde, sino un sheriff, un líder al frente de la Guardia Urbana dispuesto a establecer algo de orden y un poco de ley en la ciudad de los disparates. Toda esa basura populista antisistema de Ada Colau no ha traído más que desgracias. En Barcelona tienen prohibido trabajar los taxis de las plataformas digitales, pero telecoca y teleputas funcionan como un tiro. El secreto para el florecimiento de los nuevos negocios en la capital catalana consiste en desafiar la legalidad, igual que los separatistas y la izquierda. Que otro mundo es posible pregonan al unísono el mafioso de la manta, el narco proxeneta del Raval, la concejala de las Ramblas y los candidatos golpistas.

La degradación es de tal naturaleza que hasta Colau pide socorro y culpa a la Generalidad porque no hay mossos patrullando la ciudad. Y lo dice después de haber masacrado y triturado a la policía local hasta la mínima expresión, tras cuestionar, desautorizar y degradar a la Guardia Urbana que depende de ella misma. Se queja la alcaldesa de que una mujer no puede pasear sola por Barcelona, no ya a determinadas horas o en concretos lugares, sino en general, y en vez de poner más policías para disuadir y detener a los criminales, criminaliza a la población masculina en edad de procrear. Luego se queda sin palabras cuando un individuo denunciado mil veces por los vecinos destroza a una mujer, adulta o menor, en la calle o en el interior de un narcopiso, el tipo de vivienda en el que se ha sustanciado la lucha contra las hipotecas. Las políticas del podemismo consisten en otorgar las mismas oportunidades a las mafias que a la banca, lo que no deja de ser capitalismo puro y duro, la ley de la calle que es que lo mismo te desahucia una entidad bancaria que quiere explotar el mercado del alquiler que una banda latina que pretende desarrollar el sector de los opiáceos.

Dadas las circunstancias, se podría inferir que las opciones de Colau para retener la vara están bajo mínimos. Pues no. El candidato de ERC, el hermano de Pasqual Maragall, le saca nueve décimas de ventaja. La disyuntiva barcelonesa estriba en que la ciudad se convierta en la capital del proceso con Maragall, con Colau o con los dos. Ninguna encuesta otorga la más mínima posibilidad a un Gobierno municipal alternativo. En el mejor de los supuestos, las encuestas otorgan a Valls entre seis y siete concejales. El PSC de Iceta está por delante con siete, ocho o nueve y en la mayoría de los sondeos el PP no sale y Vox ni aparece. Es lo que hay. La Barcelona de La Vanguardia y TV3 repudia a sus hijos pródigos, el ex primer ministro francés, un panadero de Vich y del PP y al dentista mulato de Vox que se apellida Garriga. Si algo puede salir mal, Barcelona es la capital.

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