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Pedro de Tena

Calle, callo Cayo Lara

Cayo Lara, el nuevo aglutinador del comunismo patrio, retoma las tesis del bolchevismo clásico y le da una patada a las urnas.

Pedro de Tena
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Cayo Lara, el nuevo aglutinador del comunismo patrio, retoma las tesis del bolchevismo clásico y le da una patada a las urnas.

No es Lenin, pero lo dice claro. "Hay que conquistar en la calle lo que no podemos en el Congreso". Cayo Lara, el nuevo aglutinador del comunismo patrio, retoma las tesis del bolchevismo clásico y le da una patada a las urnas, si y sólo si las urnas no sirven para conseguir lo que quiere conseguir, aunque está dispuesto a hacer el paripé de la democracia porque les da un dinero y un poder que ayuda al objetivo final. ¿Cómo era aquello que se expresaba bajo la dictadura en el manual del perfecto miilitante? Ah, sí. Cuando hay una dictadura no comunista, se debe fomentar la lucha de todos los demócratas contra ella hasta derribarla por los medios que sean. Una vez derribada, se trata de fomentar gobiernos de izquierda, marginando a las derechas conservadoras y liberales. Una vez conseguido el gobierno de izquierdas, se trata de eliminar a todos sus miembros no comunistas, como socialistas, sindicalistas, filoanarquistas y demás, hasta llegar al predominio del Partido Comunista. Apenas ha cambiado este cuento, aunque ahora incluye a los nacionalismos. 

De esta estrategia no se han movido ni un ápice en más de cien años aquellos herederos del marxismo clásico que siempre vieron en la democracia una formalidad que utilizar y despreciar simultáneamente. La democracia formal, la liberal y la única que ha habido y hay, debe ser sustituida por la democracia real, que es la que produce sólo el comunismo una vez identificado –a tiros si es preciso– como el partido único que conducirá al paraíso. 

Pero, claro, cuando cosas de este porte las decía un Carlos Marx, que se había quemado los ojos durante veinte años en la Bilbioteca del Museo Británico... Cuando estas y otras barbaridades las decía su amigo y protector Engels, un rico fabricante que al menos leía algo y sabía de capitalismo... Cuando frases como "la libertad, ¿para qué?" las decía un Lenin empeñado en forjar una de las dictaduras más terribles del siglo XX pero pasaba años intentando comprender el funcionamiento de la nueva física y sus métodos... Cuando Trotsky lo hacía, estaba escribiendo la Historia de la Revolución Rusa. Hasta Stalin, los dirigentes del comunismo pretendían ser intelectuales brillantes que querían seguir interpretando el mundo además de conquistarlo. Desde Stalin, los intelectuales fueron dejando el papel principal y el nivel fue bajando, hasta que se llegó a lo de los últimos carcamales del Kremlin. Lo mismo sucedió en Europa, acuérdense de Marchais, o de Togliatti, o de Carrillo, o de Cunhal. Aun así, tenían su con qué. 

Ahora no se recuerda siquiera el nombre de los líderes del comunismo europeo. Hagan una prueba. Piensen en Portugal, en Inglaterra, en Francia, en Italia, incluso en Rusia. Eso sí, tenemos en España las mejores lumbreras del comunismo internacional. Nada más hay que pensar en Cayo Lara, en Diego Valderas, en Gaspar Llamazares, y no se olviden de Juan Manuel Sánchez Gordillo, teóricos vibrantes y brillantes del comunismo, la única dictadura cuyos admiradores jamás han pedido perdón a nadie. España tiene la fortuna de contar con un nuevo Lenin en Ciudad Real, cuya idea principal es que la calle es más importante que las urnas, y su partido entrena para darles una patada. 

Alteraremos a Wittgenstein: "De lo que no sabe hablar, lo mejor es callarse". Conclusión: calle, callo Cayo Lara. Es por el rubor.

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