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La banda de Sánchez y el fin del PSOE

La verdadera refundación del PSOE no fue en 1974 sino que está por venir.

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No se me ocurre otra palabra mejor que banda para definir a ese grupo de individuos e individuas que rige los destinos de lo que debería haber sido un partido socialdemócrata normal al estilo europeo. Es, en efecto, una banda. A veces, una banda de desaprensivos, plagiarios e incumplidores de leyes y decoros. En parte, una banda de bandidos en el peor sentido de la expresión. No es todo el PSOE, ciertamente, pero son los que se han hecho con las riendas del partido desde la época del inolvidable José Luis Rodríguez Zapatero, el padre de toda la demagogia y la baratura que hoy rezuman las elites de esta banda. Cada día, casi todos los días. Este juicio final es lo que me vino a la cabeza tras escuchar las palabras del, seamos generosos, ex etarra Arnaldo Otegui. Este miserable se atrevió a pedir a los demócratas españoles que formaran una alianza antifascista contra Vox, Podemos y Ciudadanos. Digo miserable porque hay que tener podredumbre moral en el alma para pedir a los demócratas españoles –a los que él y los suyos no consiguieron asesinar antes y durante la Constitución de 1978, cuando ETA se dedicó a exterminar a demócratas españoles, de derechas y de izquierdas–, que se alíen con sus verdugos.

Tras las palabras de Otegui, no tuve más remedio que pensar en Zapatero, corresponsable del pacto anti-España del Tinell, que fue hace poco invitado por el antes etarra, y hasta anteayer batasuno, a rememorar el diálogo de la rendición para desembocar en la figura del doctor Pedro Sánchez. No cabe duda de que Zapatero es la piedra angular del desmoronamiento ético y político que asola el socialismo español. Es la vuelta atrás sin Besteiro a 1934 y la negación del derecho a la vida a las derechas (y a los libertarios, no se olvide). Pero la guinda del pastel la ha puesto Sánchez, que, por si acaso no destacaba tanto como el pro Maduro, ha logrado la proeza de gobernar con exetarras, separatistas de todo pelaje, paleocomunistas, usurpadores de indignados, partidarios de acabar con la Constitución y lo más extremista y antiespañol que circule por España, con sólo 84 escaños y sin importarle el uso y abuso del decreto ley. Todo ello, claro está, en nombre de la democracia, el socialismo y el progreso, y todo ello sin un proyecto compartido, ni siquiera por las bases del PSOE, acerca de qué es la nación española, algo que él confesó no saber qué era.

La iluminación se produjo entonces porque comprendí que el PSOE, como lo conocemos, el de Suresnes, el mal pegado partido y roto entre los del exterior y el interior, que no ha sido capaz de hacer siquiera una autocrítica razonada de su comportamiento en la República y durante la Guerra Civil, ha muerto. Sánchez y Zapatero han sido únicamente los hermanos fosores de este socialismo cadavérico que empezó a morir por no haber hecho la reflexión capital. Felipe González, que yo creo que la ha hecho pero que no se atreve a decirlo, sentenció hace casi 40 años que antes que marxistas había que ser socialistas. Pero aquello fue un artificio táctico. En la España constitucional, antes que socialistas, hay que ser demócratas, respetar las instituciones, las leyes y las creencias y opciones de los ciudadanos, de todos ellos, no sólo las de los nuestros, y, dentro de las reglas comunes, avanzar hacia objetivos lícitos. No hay nuestros en una democracia, salvo las mafias, las bandas, de todo tipo, o las sectas. Los nuestros somos todos, salvo los que están contra el plural y aspiran a dictar sobre los demás.

Cuando a esa falta de consideración por la democracia, algo evidente en una Andalucía de la que intentó apoderarse un asilvestrado PSOE articulando una CiU a la andaluza – lo calificó así un separatista de pluma–, mediante un régimen clientelar sin alternancia que ha durado tanto como Franco pero que también ha caído al final, se une la descomposición ética de una banda sin entidad moral ni política que decreta lo que sea y pacta con antidemócratas, antiespañoles, e incluso con los que asesinaron a socialistas de cuerpo entero que defendían la democracia y amaban a España, es que este PSOE, el de la banda de Sánchez, está cadáver y ya hiede. La verdadera refundación del PSOE no fue en 1974 sino que está por venir. Si no se afronta por los verdaderos socialdemócratas españoles, el PSOE habrá muerto.

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