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Andalucía

Pedro de Tena

La estocada a Andalucía: un aviso para España

Pedro Sánchez y María Jesús Montero deberían ser declarados inmediatamente personas "non gratas" en Andalucía por la fechoría que han perpetrado.

Pedro de Tena
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Pedro Sánchez y María Jesús Montero deberían ser declarados inmediatamente personas "non gratas" en Andalucía por la fechoría que han perpetrado.
Montero conversa con Sánchez y Calvo | Europa Press

España es nuestro toro, manso a veces, bravo otras y distraído las más. Pero no hay morlaco que no se duela con el castigo. Lo ocurrido con la "intervención" de Andalucía desde el Ministerio de Hacienda es el experimentum crucis que demuestra que el PSOE, o la parte poderosa que hoy manda en él, ha decidido entrar a matar. Ya no se trata del hecho en sí, cínico e hipócrita hasta la médula, de castigar a una región y a un gobierno por lo que hizo otro, precisamente el que reprende y fustiga. Naturalmente y por ello, Pedro Sánchez y María Jesús Montero deberían ser declarados inmediatamente personas "non gratas" en Andalucía por la fechoría que han perpetrado.

Pero yendo al fondo de la cuestión, lo que se percibe cada vez más claramente es que el estoconazo se dirige también al que parecía otro PSOE, el de Felipe González, el que renunció al radicalismo voluntarista de Suresnes para aceptar la vía democrática liberal– no con toda limpieza como luego se vio -, consensuada en la Transición. Con esta suerte de ataque injusto y gratuito a una Andalucía que está a la cola de las regiones de España y Europa tras 36 años de gobiernos socialistas, Pedro Sánchez demuestra que quiere volver a las andadas de 1974, camino abierto por el iluminado Rodríguez Zapatero, para dar la estocada en todo lo alto al toro de la España surgida del consenso constitucional de 1978. Como los pájaros de Borges, vuelan hacia atrás porque no le importa saber dónde van sino de dónde vienen, de Suresnes y la II República.

Lo vivido en estos días no es otra cosa que lo que espera a las "demás" regiones de España que no se llamen Cataluña o País Vasco, y, cuando se pueda, Galicia y quién sabe si otras. Se creía que el origen de esta percepción discriminatoria del puesto de las regiones en el cuerpo de nuestra nación tenía por únicas raíces el separatismo derivado de los nacionalismos decimonónicos. Pero no. Si en los planes calenturientos de Hitler, España debería ser el jardín de Europa quedando la industria y las finanzas en manos de su Reich alemán, en los planes desigualitarios del PSOE de Suresnes, ya estaba el trato preferente a determinadas regiones. Se culpa a Miguel Iceta del desaguisado y se le señala como el gran muñidor de la segregación económica, social y política de la inmensa mayoría de España. Y es cierto que lo ejecuta, pero no lo inventó.

Mucho antes de Suresnes, una rama del PSOE en el exilio, ya había dado a conocer, y Agapito Maestre lo ha destacado en sus últimos artículos, su plan de "Las Españas", que ahora Iceta ha expuesto que las ha contado y que son ocho. Ese volver a los reinos medievales más o menos está en el romanticismo nacionalista decimonónico, pero asimismo en el socialismo español de una rama que prosperó tanto que hasta fue leída y admirada por Rodríguez Zapatero. Se trata de la revista Las Españas y sus máximos representantes, Luis y Anselmo Carretero.

Aunque hablaron páginas y páginas de nacionalidades, no pudieron precisar una definición de nación o nacionalidad fundada en la raza ni en la lengua ni en la geografía ni en otros caracteres, así que decidieron llamar "nacionalidad", en un ejemplo de rigor científico, a "una comunidad estable (…) históricamente formada como resultado de una convivencia secular sobre un mismo suelo, comúnmente sentida y aceptada, que da origen a hábitos y modos de pensar y sentir reflejados en una comunidad de cultura, y a veces un idioma propio." Encontraron nueve grupos nacionales que no ocho, señor Iceta, pero precisamente España, que se ajusta a su definición, no estaba entre ellas.

En el famoso congreso de Suresnes de 1974, instrumentado por el tándem vasco-madrileño-andaluz de Nicolás Redondo, Pablo Castellano y González-Guerra, eso de las nueve naciones o nacionalidades, fue a peor. Para no dar pie a interpretaciones, ahí va lo que se aprobó. En el punto 11 de la Resolución política se lee: "Reconocimiento del derecho de autodeterminación de todas las nacionalidades ibéricas."

En la Resolución sobre Nacionalidades y Regiones, el mismo congreso aprueba que

1) La definitiva solución del problema de las nacionalidades que integran el Estado español parte indefectiblemente del pleno reconocimiento del derecho de autodeterminación de las mismas que comporta la facultad de que cada nacionalidad pueda determinar libremente las relaciones que va a mantener con el resto de los pueblos que integran el Estado español.

(...)

4) El PSOE reconoce igualmente la existencia de otras regiones diferenciadas que por sus especiales características podrán establecer órganos e instituciones adecuadas a sus peculiaridades.

Luego, cierto, el PSOE, tras la aprobación de la Constitución, se negó a admitir el derecho de autodeterminación de las regiones, pero tenía en sí mismo el problema del desgarro nacional. Zapatero no hizo otra cosa que reabrir sus heridas y Pedro Sánchez parece ser quien va a rematar su faena ayudado por un comunismo que admitió la autodeterminación pero sólo para Cataluña, País Vasco y Galicia (1975).

Así que España, al que toda la comunidad internacional reconoce desde hace siglos como nación, no lo es y lo que hay es un puñado de naciones por determinar donde unas tienen más derechos que otras. Andalucía acaba de vivir precisamente cómo por una décima de desviación de su plan financiero es maniatada por el gobierno cuyo partido cometió el pecado mientras que en otras regiones españolas se puede hacer casi de todo, pagar menos impuestos, incluso dar un golpe de estado o comerse medio fondo de liquidación autonómica, sin que pase casi nada.

Resumiendo, la estocada ha herido a Andalucía, claro está. Pero se ha sentido en toda la piel de toro de España. La España de Sánchez no es la nación unida, cordial e igualitaria que debería ser sino un mero Estado barajador de supuestas nacioncitas donde las menos serán mucho más que las más, un sueño para los viejos enemigos de la España común. La estocada ha dolido, pero ha avisado con sus voces de muerte al PSOE constitucional y desde luego, éstas han sonado bien cerca del Guadalquivir, en la Triana de Susana Díaz a la que dejan como al gallo de Morón, sin plumas y cacareando.

Se dirá que es una exageración. No. Es un aviso. Para la España constitucional y para la Andalucía de 1977, que quería libertad y equiparación con las regiones más ricas de España.

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