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Un 12 de octubre inolvidable

Cuando me desperté, la leyenda negra todavía estaba aquí, pero ese 12 de octubre fue siempre inolvidable.

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Alguien comenzaba a leer –no creo que fuera el nicaragüense– la famosa Salutación del optimista por los micrófonos que inundaban el paseo, todo y más allá, de la Castellana de la capital de España.

Ínclitas razas ubérrimas,sangre de Hispania fecunda,
espíritus fraternos, luminosas almas, ¡salve!

Al mismo tiempo, el desfile general de la conmemoración del encuentro de España con el gran continente americano y otras tierras arrancaba con las banderas de todas las naciones en las que el español es la lengua oficial y algunas otras, como Estados Unidos, Filipinas o Guinea, que se habían sumado a la celebración. No era una parada militar, sino una fiesta civil. Simbólicamente, en la lejanía se alineaba una sola compañía compuesta por militares de todos los países participantes. Eran los últimos componentes de un multitudinario cortejo que se inició con la bandera constitucional de España, por consenso general del Congreso español y las Cámaras representativas de las ciudadanías participantes.

Únanse, brillen, secúndense, tantos vigores dispersos;
formen todos un solo haz de energía ecuménica.
Sangre de Hispania fecunda, sólidas, ínclitas razas,
muestren los dones pretéritos que fueron antaño su
triunfo.

Así seguían los altavoces mientras todas las naciones que lo habían querido, una tras otra, aportaban su visión peculiar a la exhibición. Unas eran críticas con la labor de España tras aquel 12 de octubre de 1492. Otras agradecían, globalmente, su concurso. Incluso en algunas se portaban planos de ciudades, universidades y catedrales y diccionarios que conservaron la lengua de lenguas de los pobladores. La mayoría, como se puede ver en la 5ª Avenida de Nueva York, habían optado por carrozas que mostraban trajes y bailes propios de cada tierra, con música original y pancartas alusivas. Era un espectáculo en libertad. Tras esta animada y larguísima procesión, sobrevenía la marcha de las 17 regiones españolas actuales, más Ceuta y Melilla.

Un continente y otro renovando las viejas prosapias,
en espíritu unidos, en espíritu y ansias y lengua,
ven llegar el momento en que habrán de cantar nuevos himnos…

En la tribuna principal estaban las primeras autoridades de todos los integrantes oficiales de la ceremonia junto a los Reyes de la España democrática y circundándolo todo, el aplauso y la emoción compartida de centenares de miles de españoles y familias llegadas de todos los territorios integrantes de la ceremonia. Todos tenían en común ser miembros de la Hispanidad. Cada año se celebraba en uno de ellos, pero esta vez el aniversario era en Madrid.

Cuando me desperté, la leyenda negra todavía estaba aquí, pero ese 12 de octubre fue siempre inolvidable. Me pregunto si a alguien se le habrá ocurrido organizar algo así.

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