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El sacrificio de los viejos

El régimen de la Constitución de 1978 ha vivido encapsulado en el tiempo hasta las elecciones europeas de mayo.

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Hay factores que influyen en los hombres y que no pueden medirse. Gregorio Marañón hablaba del resentimiento y Napoleón de la suerte de sus generales. Y cuando un régimen comienza su decadencia, hagan lo que hagan, sus dirigentes acumularán un error tras otro, y hasta las ideas, las consignas y los trucos que antes les acarreaban éxitos y triunfos no sólo fracasarán, sino que serán causa de burla.

Esto ocurrió, por ejemplo, en los últimos años del reinado de Isabel II y en el agotamiento del segundo mandato de Zapatero, cuando incluso negaban haberle votado quienes lo habían hecho.

El régimen de la Constitución de 1978 ha vivido encapsulado en el tiempo hasta las elecciones europeas de mayo. Las sucesiones, como la de José María Aznar por Mariano Rajoy, la de Jordi Pujol por Artur Mas y la Xabier Arzallus por Josu Jon Imaz, se han producido por designación del saliente. Sólo en el PSOE han sido más agitadas, debido a la tradición banderiza de este partido, con los veteranos combatiendo a los jóvenes.

La abdicación del rey Juan Carlos, a fin de cuentas fundador del régimen, ha legitimado el discurso contra la Generación de la Transición, apodada por algunos más jóvenes como la Generación Tapón. El propio rey lo dijo en su mensaje: "Hoy merece pasar a la primera línea una generación más joven, con nuevas energías".

En 1976 la juventud fue un valor para la nueva clase política. Alfonso Osorio cuenta en sus memorias que, en el partido de la final de la Copa de 1976, Juan Carlos I les preguntó a él y a Adolfo Suárez, que estaban en el palco, si se habían dado cuenta de lo viejo que estaba Santiago Bernabéu, que tenía 80 años; y añadió: "Estaréis de acuerdo conmigo en que en todos sitios hacen falta presidentes jóvenes. Pues ya sabéis lo que opino". Poco más tarde, Juan Carlos destituyó a Arias Navarro y, por medio de los tejemanejes de Torcuato Fernández-Miranda, nombró presidente a Suárez.

Ahora el régimen nacido, entre otros argumentos, para jubilar a las generaciones que hicieron la guerra (Arias, Girón, Areilza, Armada) o la conocieron (Fraga, López Rodó, López Bravo, Fernández de la Mora) y sustituirlas por otras que no estuvieran marcadas por la división se enfrenta a su inevitable envejecimiento y trata de rejuvenecerse.

El PSOE ha elegido a Pedro Sánchez y la Corona ha pasado a Felipe VI, dos cuarentones. En la extrema izquierda, el treintañero Pablo Iglesias está retirando al sexagenario Caya Lara. En CiU, el patriarca Jordi Pujol está siendo apartado literalmente como un trasto viejo, y en su caída se llevará, sin duda, a su delfín, Artur Mas. La Vanguardia, que tanto hizo por asentar el prestigio de Pujol, ya propone que rinda cuentas en el Parlamento catalán sobre su fortuna, con la misma desfachatez con que pasó de diario franquista a diario demócrata y catalanista. Y entre las muchas razones del desprestigio de los dos sindicatos UGT y CCOO están las figuras de sus secretarios generales, otros dos sexagenarios (ambos nacidos en 1952), en el caso de Cándido Méndez un fósil que reina desde hace 20 años.

En los grandes partidos sólo sobrevive de la Generación de la Transición Mariano Rajoy, que fue elegido por primera vez para un cargo público en 1981 (diputado del parlamento autonómico gallego) y que tendrá 60 años cuando se presente, previsiblemente, a la relección el año próximo. Cuando se reniega de lo actual simplemente porque es viejo y se reclama algo nuevo, lo que sea, ¿qué caras que no hayan sido fotografiadas en blanco y negro tiene el PP para ofrecer a un electorado hambriento de novedad y que hace sólo unos pocos años sólo quería más de lo conocido desde hace décadas: un trabajo para toda la vida, una casa en propiedad, batallitas de la guerra civil, los partidos de siempre…?

Se dijo que Suárez y González debieron gran parte de sus éxitos políticos a que conocían la televisión y daban bien en ella. Ahora, degenerando, como dijo el torero, parece sonar la hora de los que manejan Twitter.

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