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Uribe revienta el bipartidismo

El electorado movilizado por principios y programas puede abandonar al partido que le ha engañado si encuentra una alternativa.

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Se han celebrado en Colombia elecciones al Congreso, que serán seguidas dentro de unos meses por las presidenciales. En el segundo país más poblado de Sudamérica, y el único con costa en el Pacífico y el Atlántico, la economía marcha bien gracias a la represión de los narcoterroristas, a la demanda venezolana de todo tipo de productos y a la seguridad jurídica que se brinda a las inversiones, de modo que ya ha superado en renta per cápita a Argentina.

Sin embargo, la situación política es inestable y la sociedad se está dividiendo frente al narcoterrorismo debido a las negociaciones del Gobierno de Juan Manuel Santos con las FARC bajo la supervisión de la dictadura comunista de los Castro. Puntos de esas negociaciones son la incorporación en completa libertad de los farianos a la política, con lo que antiguos terroristas podrían desempeñar cargos políticos, como es el caso de Gustavo Petro, miembro del M-19 y ahora alcalde de Bogotá; la inmunidad para los terroristas, la depuración de las Fuerzas Armadas y la Policía y una reforma agraria bajo dirección fariana.

Hace ya tiempo Álvaro Uribe, presidente del país entre 2002 y 2010 (el único en ser reelegido hasta ahora), rompió con Santos, su protegido, al que le regaló la presidencia al señalarle como sucesor. Uribe, que ya dejó el Partido Liberal y fundó el Partido de la Unidad Nacional, ha impulsado una coalición, Centro Democrático, que compite con los dos anteriores. Él se ha presentado al Senado y ha conseguido una banca; como no puede volver a presentarse a la presidencia, ha apadrinado otro candidato, su exministro Óscar Iván Zuloaga, que se medirá con Santos y el resto de los candidatos el 25 de mayo.

Oposición a Santos y a su acuerdo con las FARC

Colombia ha tenido el sistema de partidos más antiguo de Hispanoamérica: desde finales del siglo XIX, los conservadores y los liberales se han sucedido en la presidencia de la república, con la salvedad del régimen militar encabezado por el teniente general Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957). Uribe fue el primer presidente civil que no pertenecía a ese bipartidismo. El Partido de la U ya ha gobernado 12 años. Además, en los años anteriores a los mandatos de Uribe comenzó un proceso que hoy se ha acentuado: la irrupción de nuevos partidos en el Congreso. Conservadores y liberales reúnen menos de la mitad de los diputados y senadores, y se limitan a apoyar a los presidentes de la U a cambio de ministerios o prebendas.

Las elecciones del domingo 9 han introducido un nuevo factor en el espectro parlamentario: el Centro Democrático de Uribe ha quedado como principal fuerza de la oposición, frente a Santos y sus aliados conservadores y liberales. En el Senado, en el recuento nacional, las listas de la U sólo han superado en 200.000 votos a las del Centro Democrático, y en Bogotá la lista uribista quedó primera.

Los uribistas afirman que ha habido enmermelamiento (pucherazo) por parte del Gobierno. Aparte del reparto de fondos y de la manipulación de cédulas electorales y papeletas (los votos nulos han superado el 10% de los emitidos), se produjo un incidente como poco curioso. Cuando todos los recuentos daban como primer partido en ambas Cámaras al Centro Democrático, su tendencia se detuvo y empezaron a ganar terreno los candidatos santistas, en ocasiones después de que se fuera el fluido eléctrico en algunos lugares. En su primera comparecencia después de las elecciones, Uribe declaró que Santos y la U han hecho "trampas" y que el nuevo Congreso tiene "un alto grado de ilegitimidad". El exministro de Uribe y comentarista político Fernando Londoño (al que las FARC intentaron asesinar en 2012) enumeró en su programa de radio las irregularidades y los fraudes.

En las inminentes elecciones presidenciales, Santos puede enfrentarse en segunda vuelta a Zuloaga. Aunque Santos consiga la reelección, que es lo más probable, ya que incluso recibirá el apoyo de la izquierda que quiere reinsertar a las FARC y el ELN para contar con ellos, tendrá un fuerte bloque de oposición para su próximo mandato.

La lección que podemos sacar de estas elecciones es que el electorado movilizado por principios y programas puede abandonar al partido que le ha engañado si encuentra una alternativa.

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