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Día de perros y enigmas

Día de escasez. No hay modo de que este perro dé con un maldito hueso. Que nadie se extrañe si la cosa termina por los cerros de Úbeda.

Para que se hagan una idea de cómo anda el día, destacaremos la primera “confidencia” de Diario directo. Se titula “El “bajo tono” de Mayor Oreja” y el desarrollo reza: “Varios periodistas, algunos buenos amigos del personaje, almorzaron con Jaime Mayor Oreja, ex ministro de Interior y uno de los posibles 'delfines' de Aznar.”

"Los comentarios, una vez que se marchó el jefe de filas del PP vasco, abundaron en el patente desinterés de Mayor por las cuestiones relacionadas con la sucesión del presidente. Da la impresión de que Mayor ha asumido su duro destino en Euskadi (el destacado es de Diario directo), donde, qué duda cabe, es una pieza fundamental para el equilibrio entre nacionalistas y constitucionalistas.” Como puede verse, el día está canino.

Otras cosas, pues, llaman hoy más la atención que los confidenciales en la red. A eso de las siete, por ejemplo, ha aparecido Iñaki Gabilondo por la cadena Ser y parecía como si en lugar de café se hubiera tomado un tazón de red-bull –red y bull–, y le hubiera salido bigote irakí reglamentario. Más que la cadena de radio y el programa más escuchado de España parecía el boletín, confidencial, por supuesto, de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, quinta o sexta internacional, esa en la que milita un tal Carlo Frabetti, conocido autor de literatura juvenil y columnista de Gara, como bien informa Libertad Digital. Iñaki y Carlo, la misma patología: a la vejez, sarampión. La Ser anuncia desde primera hora que prepara la retransmisión en directo de la gala, digo de la sesión que el Cogreso celebra esta tarde. Con ello sigue toda la mañana, preparando el ambiente con su letanía pacifista.

No es que no haya nada en la red, algo hay, pero poco nuevo. Casi como un síntoma de escasez se pueden calificar las alusiones a los duques de Lugo, de las que ya hablaba ayer por la tarde El Confidencial Digital. Este medio lo enfocaba, muy elegantemente, diciendo que los duques de Palma cubren las ausencias de los de Lugo, como la última, muy esperada, de la VI Feria Mundial del Toro.

El Semanal Digital, por su parte, enfoca el asunto de un modo más directo: “¿Qué pasa con la Infanta Doña Elena? ¿Cuál es la situación de su matrimonio? ¿Por qué de manera tan abrupta se ha ido a Nueva York el duque de Lugo?” Hay que agradecerle a este medio que nos refresque la memoria sobre las múltiples ocupaciones de don Jaime de Marichalar, que acaso estén en el fondo de la mala marcha de sus asuntos familiares: “además de presidir la Fundación Winterthur, forma parte de los consejos de Credit Suisse, Cementos Portland y la internacional de los productos de lujo, el grupo LVMH, a través de Loewe.” Por eso, en confianza (que según el diccionario de la RAE es como se hacen o se dicen las cosas confidenciales), como chiste, cuando se le menciona por su título, se cambia la ge por jota.

Otra perla negra de ESD es la referida al papelón del señor del Ente, José Antonio Sánchez, responsable último de la retransmisión del mitin de los goya, las cuatro horas de matraca en hora de máxima audiencia, que no lo fue, a costa del contribuyente. De él dicen que se dice que “ni ve ni le interesa la televisión”. Pero, como ya dijo algún confidencial en su momento que había dicho Rajoy, a Sánchez se le nombró para el cargo no porque viera o le interesara la televisión, sino porque “ya estaba con nosotros desde la travesía del desierto.”

De muy distinta naturaleza, también a su manera llamativa, es la entrevista que ese mismo medio publica con uno de sus colaboradores, Manuel Funes Robert, el cual acaba de publicar un libro de título deslumbrante: “La lucha de clases en el siglo XXI”, donde, se dice, defiende enfoques keynesianos y recoge interpretaciones marxianas para explicar las crisis económicas de nuestro tiempo. La filosofía, curiosa, del veterano economista acaso pueda sintetizarse en la última frase de su entrevista: “Hay que empeorar para mejorar”.

Para no prolongar la agonía de un día tan poco fértil, acabemos ya y con un juego: ¿quién es quién en Estrella Digital?, ¿quién el director?, ¿quién el redactor jefe?, ¿quién El Conspirador devenido predicador? No vale llamar por teléfono o preguntarlo por correo.

Al filo del mediodía, El Confidencial Digital ha enriquecido su página con dos informaciones que hacen más llevadero el día. Una, que los diputados sociatas andan como locos buscando pegatinas o lo que sea para hacer más ostensible su apoyo a las consignas de la Alianza de Intelectuales Antiimperialistas. Van lanzados, Dios sabe dónde.

La otra es lo mejor del día, sin lugar a dudas. ¿Recuerdan una carta, de la que informó en exclusiva el Confidencial Digital, distribuida por todo el PP y en la que se ponía a caldo la dimensión empresarial de Rodrigo Rato y su afán por ser el sucesor? El CD aporta nuevos datos sobre el asunto. Como que la aparición de la carta desencadenó una tormenta tras las bambalinas durante la última convención del PP en Madrid. Leído que lo hubo el vicepresidente, “montó en cólera”, normal, e instó a Acebes a que abriera una investigación interna, el cual, como es habitual en él, trató de quitar plomo al asunto. Pero la guinda del asunto es lo que dijo Mayor Oreja cuando se enteró. Mejor lo leen allí mismo, que está a un click.

Antes de cerrar este tercer capítulo de rumores nos llega a la redacción, desde la Carrera de San Jerónimo, una breve referencia a esa gruesa palabra que ha hecho saltar de la silla a Luisa Fernanda Rudi en el Pleno sobre Irak. Ocurría antes del desalojo artístico. Hablaba Zapatero del rechazo del Papa a la guerra y alguien dijo ¡Cabrón! No le dio tiempo a decir más. La presidenta del Congreso buscó entre los bancos del PP al autor de tan espontánea expresión y amenazó con expulsión. Antes, varios diputados le habían llamado “demagogo”, pero “cabrón”, era demasiado. Rudi no pudo identificar al autor de un insulto tan de la calle, del pueblo llano que, por cierto, copaba una de las tribunas y asistía -seguramente perplejo- a tan agitado debate. Y mientras la presidenta oteaba el horizonte de los escaños del Grupo Popular, el diputado por Melilla, Antonio Gutiérrez Molina, levantaba la mano. ¿Fue él o quiso cargar con las culpas?

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