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Rivera y Puigdemont. La foto de la vergüenza

¿A qué viene sentarse con él? ¿Qué busca Albert Rivera? ¿Acaso los votos del catalanismo?

Santiago Abascal
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Yo estuve allí. Fue el 23 de octubre de 2013, en el teatro Goya, en Madrid. Mi amigo Albert Rivera presentaba su Movimiento Ciudadano, lo que terminó siendo el germen de la expansión de Ciutadans fuera de Cataluña. El inicio de la conversión de Ciutadans en Ciudadanos.

Decidí aceptar la amable invitación de Albert porque siempre admiré la determinación, coraje y valentía con la que Ciutadans había plantado cara al separatismo. De hecho, antes de que el actual presidente de Ciudadanos fuese un personaje público relevante y cuando los medios del establishment sometían a Ciutadans a un bloqueo similar al que hoy someten a VOX, desde DENAES pusimos todo lo que estaba en nuestra mano para hacer llegar su mensaje fuera de Cataluña

Albert Rivera y yo, y nuestros respectivos partidos, tenemos ideas diferentes en algunas cosas esenciales. Ciudadanos es un partido que bebe de las fuentes de la socialdemocracia y del "progresismo" . VOX, en cambio, es un partido nacional que quiere acoger a conservadores, liberales, cristianodemócratas y patriotas. Pero estas diferencias ideológicas no nos impedían estar de acuerdo en lo más importante: la unidad de la nación española y la defensa del orden constitucional frente a los que quieren quebrar nuestro modelo de convivencia.

He compartido tertulia muchas veces con Rivera. Y le he escuchado decir cosas muy sensatas. "Antes que reformar la Constitución, deberíamos hacer que se cumpla la que tenemos". "No se pueden hacer reformas para contentar a los que nunca van a estar contentos". “La única forma de solucionar el problema es derrotar a los nacionalistas en las urnas”.

Por eso me he llevado una enorme decepción personal y política cuando este pasado viernes he visto en la prensa la reunión entre Rivera y el traidor mayor del reino, el presidente secesionista Carles Puigdemont. Una reunión que, según el propio Rivera, se desarrolló en un ambiente cordial, y en la que han constatado discrepancias, pero también espacios de acuerdo, en especial en lo relativo a la financiación. Y no contento con esto, Rivera ha instado a Puigdemont a sentarse a la mesa de la reforma constitucional para encontrar "puntos de encuentro".

De poco ha servido la invitación: al poco tiempo de acabar, Neus Monté, la portavoz de la Generalitat, compareció en los medios para decir que desde el catalanismo ya se han intentado propuestas de reforma de España y "ninguna de ellas ha sido tenida en cuenta ni escuchada", por lo que Puigdemont sigue en estos momentos el "mandato claro y explícito del 27S a favor de la independencia."

Está claro. Puigdemont es un golpista. Lidera un gobierno que se ha alzado en rebeldía y manifiesta públicamente que no acata la Constitución. Esto es algo muy grave. Algo que no pasa en Europa Occidental desde los años 30.

¿A qué viene sentarse con él? ¿Qué busca Albert Rivera? ¿Acaso los votos del catalanismo? ¿Acaso apoyos parlamentarios de los secesionistas para formar gobierno?

Albert Rivera está haciendo exactamente lo mismo que criticó al PP y al PSOE. Han bastado 40 escaños en unas elecciones generales para que cambie completamente el discurso de firmeza con el separatismo y adopte el apaciguamiento suicida del PP y del PSOE.

No hay que sentarse con los golpistas, ni hacerse fotos, ni dialogar con ellos. Tampoco hay que buscar puntos de encuentro, ni invitarles a sumarse a una supuesta reforma de la constitución.

La situación en Cataluña se empezará a resolver cuando vuelvan a regir el Estado de Derecho y se cumplan la Constitución y las Leyes. Y cuando los políticos comprueben en sus propias carnes que incumplir la Ley tiene consecuencias. Tenemos los instrumentos legales necesarios para ello. Sólo nos hacen falta gobernantes con patriotismo y determinación.

Y nos sobran componendas, frases grandilocuentes y marketing político. Máxime cuando lo único legalmente correcto y políticamente sensato sería suspender la autonomía de Cataluña, procesar a los golpistas y disolver los partidos facciosos autores del golpe.

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