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Por qué guardar el café en la nevera es un error que arruina su sabor y aroma

Los expertos recomiendan almacenar el grano en botes herméticos y opacos dentro de una despensa seca, lejos de la luz y el calor.

Los expertos recomiendan almacenar el grano en botes herméticos y opacos dentro de una despensa seca, lejos de la luz y el calor.
Taza de café negro sobre granos de café. | Pixabay/CC/PublicDomainPictures

Abrir la nevera y encontrarse un paquete de café junto a los yogures, la leche o los embutidos es mucho más habitual de lo que parece. Muchas personas están convencidas de que el frío ayuda a conservar mejor el aroma y evita que el café se estropee antes de tiempo.

La lógica parece razonable: si el frigorífico mantiene frescos otros alimentos, ¿por qué no iba a funcionar también con el café? Sin embargo, los expertos en barismo y conservación alimentaria coinciden en que guardar el café en la nevera suele ser un error que termina perjudicando su sabor, aroma y calidad.

Los cuatro enemigos del café

El café es un producto especialmente delicado. Sus principales enemigos son la luz, el calor, el aire y la humedad. Precisamente este último factor es el que convierte a la nevera en un lugar poco recomendable para almacenarlo.

Aunque el frío ralentiza ciertas reacciones químicas, el frigorífico no es un entorno seco ni estable. El motivo es que, cada vez que abrimos y cerramos la puerta, se producen cambios de temperatura y humedad que afectan directamente al café.

Pero en cuanto al café, el gran enemigo invisible aparece cuando lo sacamos de la nevera para preparar una taza y después lo volvemos a guardar. Ese cambio brusco entre el frío del frigorífico y la temperatura ambiente genera condensación. En otras palabras: pequeñas gotas de agua se forman sobre el envase y sobre el propio café. Y ahí empieza el problema.

Debemos recordar que el café es higroscópico, lo que significa que absorbe la humedad del ambiente con enorme facilidad. Esa humedad altera sus aceites naturales, acelera la pérdida de aroma y puede hacer que el café pierda intensidad y matices mucho antes de tiempo. En los peores casos, incluso puede favorecer la aparición de moho si el almacenamiento no es adecuado.

Un auténtico imán para los olores

Hay otro motivo por el que la nevera es una mala idea: el café absorbe olores como una esponja.

De hecho, el poso de café se utiliza muchas veces como remedio casero para neutralizar malos olores dentro del frigorífico. El problema es que esa misma capacidad juega en contra cuando guardamos café cerca de quesos, cebollas, embutidos o restos de comida.

Si el envase no está perfectamente sellado, el café termina impregnándose de esos aromas externos. El resultado puede ser una taza con sabores extraños o con un regusto completamente alejado del aroma original.

Ni siquiera en verano es recomendable

Muchas personas justifican el uso de la nevera durante los meses más calurosos. Sin embargo, los especialistas explican que el café se conserva perfectamente a temperatura ambiente siempre que esté protegido correctamente.

El rango ideal suele situarse entre los 15 y los 22 grados, una temperatura que normalmente puede mantenerse en una despensa o armario de cocina alejado del calor directo.

Además, el problema no es solo la temperatura, sino la humedad constante y los cambios térmicos que se producen dentro del frigorífico.

Dónde sí deberías guardar el café

La mejor opción es mucho más sencilla de lo que parece. El café debe almacenarse en un recipiente hermético y opaco, protegido de la luz, el aire y la humedad.

Si el café viene en una bolsa especializada con válvula de desgasificación, no hace falta cambiarlo de envase. Pero si el paquete queda abierto o no protege bien el producto, lo recomendable es pasarlo a un bote hermético. El lugar ideal es una despensa fresca, seca y oscura, lejos de la vitrocerámica, el horno o la luz solar directa.

El café molido dura menos

Otro aspecto importante es que el café molido pierde propiedades mucho más rápido que el café en grano.

Al molerlo, aumenta la superficie expuesta al aire y los aromas empiezan a evaporarse con mayor rapidez. Por eso, los expertos recomiendan consumirlo cuanto antes una vez abierto.

El café en grano, en cambio, conserva mejor sus características y puede mantenerse en buen estado durante varias semanas si está correctamente almacenado.

¿Y el congelador? Sí, pero con condiciones

El congelador sí puede ser útil en un caso concreto: cuando se compra una gran cantidad de café en grano y no se va a consumir pronto.

Eso sí, debe hacerse correctamente. Lo ideal es dividir el café en pequeñas porciones, usar recipientes totalmente herméticos y evitar abrir y cerrar continuamente el mismo envase.

Además, una vez descongelado, no debe volver a congelarse. Y antes de abrir el recipiente conviene dejar que alcance la temperatura ambiente para evitar condensación.

Muchas veces se piensa que el secreto de un buen café está solo en la cafetera o en la calidad del grano, pero la conservación influye muchísimo más de lo que parece.

Guardar el café lejos de la humedad, el calor y los olores externos permite mantener intactos sus aromas y disfrutar de una taza mucho más intensa y equilibrada cada mañana.

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