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El truco del café molido para acabar con los malos olores en la nevera

Un ingrediente habitual en cualquier cocina tiene propiedades absorbentes respaldadas por la ciencia que lo convierten en un remedio eficaz y barato.

Un ingrediente habitual en cualquier cocina tiene propiedades absorbentes respaldadas por la ciencia que lo convierten en un remedio eficaz y barato.
Tarro de café molido. | Unsplash/Andrea Tummons

Los malos olores en la nevera son uno de esos problemas domésticos que aparecen frecuentemente. Alimentos olvidados en un cajón, recipientes mal cerrados, frutas demasiado maduras o, simplemente, la convivencia de productos muy aromáticos acaban impregnando el interior del electrodoméstico con aromas poco apetecibles. La reacción inmediata de muchos hógares es recurrir al vinagre o al bicarbonato de sodio, los remedios caseros de toda la vida. Sin embargo, hay una tercera opción que gana terreno en las cocinas y que tiene además respaldo científico: el café molido.

Puede parecer contraintuitivo introducir un productó tan aromático en la nevera, pero su funcionamiento no se basa solo en enmascarar olores con su aroma característico. Un artículo de la revista Journal of Hazardous Materials indica que el poso de café actúa como adsorbente: captura las moléculas odorantes en su superficie y las aprisiona en sus pequeños poros. El mecanismo, por tanto, es físico y químico a la vez. Los posos de café contienen nitrógeno, que actúa como desodorizante natural al absorber y neutralizar los compuestos olorosos, mientras que su naturaleza porosa le permite atrapar y encapsular los malos olores, dejando tras de sí un ambiente más fresco.

Química al servicio del frigorífico

Esta capacidad no solo funciona en la nevera. El café molido puede colocarse en un recipiente dentro de la nevera o en zonas cerradas para neutralizar olores persistentes, y también puede emplearse para limpiarse las manos después de manipular alimentos con olores fuertes como el ajo o el pescado. Armarios, zapateros o el interior del coche son otros espacios donde este truco da buenos resultados por el mismo principio. Varios trabajos científicos han observado que, colocado en un ambiente cerrado, el café reduce eficazmente la concentración de amoníaco y otras sustancias de fuerte olor, aunque los resultados varían según la naturaleza de los compuestos odorantes y las condiciones de uso.

El procedimiento es sencillo, basta con colocar un recipiente abierto con café molido seco en un estante de la nevera. Si se opta por posos ya usados, es imprescindible que estén completamente secos, ya que la humedad residual podría favorecer la aparición de moho. Los expertos recomiendan renovar el café semanalmente si el olor es fuerte, aunque en condiciones normales puede mantenerse hasta dos semanas sin perder eficacia.

No obstante, hay un matiz importante que conviene tener en cuenta. La misma capacidad del café para absorber olores puede jugar en contra si lo que se guarda en la nevera es el propio café para consumo: al no estar en un envase perfectamente sellado, termina impregnándose de los aromas del entorno, con el resultado de una taza con sabores extraños o alejados del aroma original. Es decir, el café funciona en la nevera como desodorizante, pero no debe confundirse con un método de conservación del propio producto.

Limpieza primero, café después

El café molido es un complemento, no una solución independiente. Los especialistas insisten en que ningún absorbente natural resuelve el problema si persiste la causa que lo origina. Antes de recurrir a cualquier remedio, conviene revisar el interior del frigorífico en busca de alimentos en mal estado, derrames de líquidos o cajones de fruta y verdura que acumulen humedad. Una limpieza periódica de las superficies interiores sigue siendo el paso previo e imprescindible.

Guardar los alimentos más aromáticos —quesos curados, cebollas, determinadas salsas o embutidos— en recipientes herméticos ayuda también a evitar que sus olores se extiendan al resto. Y un frigorífico demasiado lleno dificulta la circulación del aire frío, lo que favorece la concentración de humedad y olores en zonas concretas.

La lógica de combinar métodos es sencilla, el bicarbonato actúa sobre los olores ácidos adheridos a las superficies, mientras que el café funciona como una esponja ambiental. Usar ambos de forma complementaria tras una limpieza a fondo es, según varios especialistas en limpieza del hogar, la estrategia más completa para mantener la nevera en condiciones óptimas sin necesidad de recurrir a productos químicos.

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