Las mejores comidas para llevar a la playa y cuáles evitar
El calor convierte la fiambrera en un foco de bacterias: estas son las comidas seguras para un día de arena y baño sin riesgo de intoxicación.
Con la llegada del buen tiempo, el día de playa se convierte en uno de los planes favoritos de muchas personas. Y con él reaparece la misma duda de cada verano: qué llevar para comer sin que el calor lo eche a perder. Según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, cada año se notifican en España entre 5.000 y 6.000 brotes de enfermedades de transmisión alimentaria, y más del 40% se concentran en los meses de verano, justo cuando las altas temperaturas y las comidas al aire libre se multiplican.
La clave está en una regla sencilla que repiten todas las agencias sanitarias: ningún alimento cocinado debería permanecer más de dos horas a temperatura ambiente, un margen que se reduce a una sola hora cuando el termómetro supera los 30 grados. Entre esos dos límites se abre la llamada zona de peligro, el rango de temperaturas en el que las bacterias se multiplican a toda velocidad sin alterar necesariamente el olor ni el aspecto de la comida.
Lo que sí funciona
Las ensaladas son el clásico veraniego, pero las de hoja verde se resienten en seguida. Conviene optar por versiones a base de pasta, quinoa, garbanzos o lentejas, montadas en un recipiente hermético y con el aliño aparte para añadirlo justo antes de comer. El bocadillo es la alternativa más cómoda, siempre que se elija bien el pan: el rústico o de hogaza aguanta sin reblandecerse mucho mejor que otros formatos. Para el relleno, el atún en conserva resuelve sin necesidad de refrigeración, y una pechuga a la plancha con tomate sirve si no importa comerla fría.
La tortilla de patata, otro fijo de la fiambrera, exige una precaución concreta: debe estar bien cuajada. Una tortilla poco hecha expuesta al sol multiplica el riesgo de salmonelosis. Los untables como el hummus o el guacamole también encajan, siempre conservados en frío junto a un acumulador de hielo. Y de postre, la fruta fresca cortada —sandía, melón, piña o melocotón— ayuda a reponer los líquidos y las sales perdidos por la temperatura y la exposición solar.
Lo que se queda en casa
Hay alimentos que sencillamente no deberían viajar a la playa. La mayonesa encabeza la lista negra, junto a los lácteos, el marisco, la carne ya cocinada y los huevos poco hechos. Precisamente huevos, carnes, pescados, mariscos y productos lácteos mal conservados son los alimentos que más facilidad tienen de producir brotes de salmonela y E. coli. El problema añadido es que un alimento contaminado no siempre cambia de sabor o apariencia, de modo que el aspecto apetecible no garantiza nada.
Para reducir el riesgo, los expertos insisten en transportar todo en recipientes cerrados, dentro de una nevera portátil, lejos de la exposición directa al sol y sin reutilizar los envases que han contenido alimentos crudos. Si pese a todo aparecen náuseas, vómitos o diarrea en las horas siguientes, conviene acudir a un centro de salud para valorar la gravedad.
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