
Los meses de verano cambian por completo la rutina familiar. Los horarios desaparecen, los adolescentes modifican sus hábitos y situaciones cotidianas pueden convertirse en motivo de discusión entre padres e hijos.
En su espacio en Es la Mañana de Fin de Semana de esRadio, Pedro García Aguado, educador, conferenciante y especialista en intervención con jóvenes, ha analizado los principales conflictos que aparecen durante las vacaciones y ha explicado cómo afrontar esta etapa con más flexibilidad, sin perder los límites necesarios.
La desaparición de las rutinas cambia la convivencia
Durante el curso, los adolescentes tienen horarios marcados por el instituto, las obligaciones familiares y las actividades. Pero cuando llegan las vacaciones, esa estructura desaparece y muchos jóvenes pasan a organizar su día de otra manera.
"Desaparece la rutina que se lleva teniendo durante todo el curso", ha explicado García Aguado. Según ha señalado, los adolescentes pueden acabar viviendo en otra franja horaria distinta a la del resto de la familia, con noches dedicadas a videojuegos, redes sociales o encuentros con amigos.
Esta situación suele generar tensiones cuando los padres interpretan algunos comportamientos como una falta de respeto. Respuestas como "no me rayes", habituales en esta etapa, no siempre esconden un enfrentamiento, sino una búsqueda de independencia.
"Lo que hay detrás de eso normalmente no es maldad, es esa necesidad de independencia", ha señalado el especialista, que ha advertido de que los adultos pueden interpretar algunas actitudes adolescentes como ataques personales.
Los padres deben elegir las batallas
Uno de los errores más habituales de los padres, según García Aguado, es intentar corregir constantemente todos los comportamientos que consideran incorrectos.
Desde recordar que una habitación está desordenada hasta reclamar tareas pendientes, la acumulación de reproches puede convertir el día a día en una sucesión de enfrentamientos.
También ha señalado el problema de los interrogatorios sobre salidas, amistades y horarios. "Los padres educamos muchas veces desde el miedo", ha explicado, indicando que esa preocupación puede provocar que el adolescente adopte una postura defensiva.
Frente a esta dinámica, recomienda seleccionar qué conflictos son realmente importantes. "No hace falta discutir absolutamente por todo", ha afirmado, defendiendo que durante el verano las familias pueden ser más flexibles en algunas cuestiones.
Además, ha aconsejado cambiar la forma de plantear los problemas. En lugar de iniciar una conversación desde la acusación, propone hablar con los adolescentes como personas con las que hay que buscar una solución.
Responsabilidad y consecuencias para aprender
Otro de los aspectos que ha abordado García Aguado es la sobreprotección. Para el educador, los adolescentes necesitan asumir ciertas responsabilidades y comprender que sus decisiones tienen consecuencias.
Como ejemplo, ha explicado que si un joven no deja la ropa en el lugar correspondiente, los padres no deberían asumir siempre la solución. "Si no están en el cesto, no se lavan", ha señalado al hablar de cómo enseñar hábitos de responsabilidad.
El objetivo, según ha explicado, es que los adolescentes aprendan a relacionar sus acciones con los resultados que obtienen, en lugar de que la familia resuelva siempre los problemas por ellos.
Esta idea también se aplica a situaciones cotidianas en las que los jóvenes toman decisiones que pueden tener consecuencias previsibles. García Aguado ha defendido que permitirles experimentar algunos resultados de sus elecciones forma parte del aprendizaje.
El sueño y los horarios, otro foco de conflicto
El descanso es otro de los puntos que más conflictos genera durante las vacaciones. Las fiestas, las salidas con amigos y el cambio de horarios pueden hacer que muchos adolescentes se acuesten y se levanten más tarde.
García Aguado ha explicado que los ritmos biológicos de los adolescentes cambian durante esta etapa, pero considera necesario mantener cierta organización para evitar dificultades cuando llegue septiembre.
"Si no, luego, cuando lleguen en septiembre, recuperar esos horarios va a ser muy difícil", ha advertido. Por ello, propone establecer límites razonables, como fijar una hora máxima para levantarse.
El especialista ha destacado también la importancia del sentido del humor y de mantener el vínculo familiar durante esta etapa. Aunque los adolescentes busquen más independencia, ha señalado que siguen necesitando sentirse acompañados.

