
Las vacaciones suelen asociarse al descanso, los viajes y el tiempo en pareja. Sin embargo, también son uno de los periodos del año en los que más rupturas se producen. Lejos de ser el origen del problema, el verano suele actuar como un espejo que amplifica conflictos que ya existían.
En Es la Mañana de Fin de Semana de esRadio, la psicóloga especializada en dependencia emocional, autoestima y relaciones Silvia Congost explica que "las vacaciones están muy demonizadas", pero aclara que las separaciones que llegan tras el verano "ya son un problema que viene de la propia relación durante todo el año".
Las vacaciones no salvan una relación
Para la experta, el principal error es confiar en que unos días de descanso solucionarán lo que no se ha trabajado durante meses. "Lo que no puede ser es que las vacaciones las tengamos como unas semanas para reencontrarnos o para reparar los problemas que tenemos", afirma. De hecho, advierte de que intentar salvar la relación durante el viaje "va a suponer una época más de estrés que de otra cosa".
Según explica, cuando la rutina desaparece y la convivencia aumenta, también quedan al descubierto las carencias de la pareja. "Se ponen de manifiesto nuestros problemas de comunicación, la falta de valores o aficiones en común", señala.
La conexión se construye durante todo el año
Congost insiste en que una relación sólida no se improvisa cuando llegan las vacaciones. El vínculo debe cuidarse en el día a día.
"¿Cómo se mantiene la conexión? Con la mirada, con la palabra, con el tiempo libre, escuchando a la otra persona y haciéndola sentir valiosa para ti", explica. Si ese trabajo previo existe, las vacaciones se viven "con ilusión y con ganas", en lugar de convertirse en una prueba de resistencia.
Tener espacio también es sano
Pasar más tiempo juntos no significa hacerlo todo juntos. La psicóloga considera saludable que cada miembro de la pareja conserve momentos individuales, siempre que exista una comunicación sincera.
"Primero tenemos que ser conscientes de qué necesitamos y luego comunicarlo a nuestra pareja", afirma. Pedir un rato para leer, pasear o simplemente estar solo no debería interpretarse como un problema.
"Si no podemos comunicarnos por miedo a que la otra persona se enfade, eso es un indicador de que hay algo que no va bien entre nosotros", advierte.
Los pequeños conflictos que acaban explotando
Durante las vacaciones también aparecen conductas que suelen pasar desapercibidas durante el resto del año: organizar todos los planes sin contar con el otro, adaptarse constantemente para evitar discusiones o no expresar lo que realmente se quiere hacer.
"Hay uno que manipula, otro que no se queja y luego llega un momento en el que explota", resume Congost. La solución, asegura, pasa por encontrar un equilibrio en el que ambos se sientan "vistos, escuchados y tenidos en cuenta".
Qué hacer antes de que una discusión vaya a más
Cuando una discusión empieza a gestarse, la psicóloga recomienda frenar el diálogo interno que alimenta el enfado antes de reaccionar impulsivamente. "Algo que nos ayuda mucho es intentar buscar algo que agradezco de mi pareja", explica. Recordar aquello que hizo surgir la relación o poner el foco en las cualidades del otro ayuda a rebajar la tensión y facilita una conversación más serena.
"Si vas viendo cada vez con más oscuridad a tu pareja, llegará un momento en el que la situación será irreconducible", concluye.
En definitiva, las vacaciones no crean los problemas de pareja, simplemente los hacen más visibles. Como resume Silvia Congost, el verdadero trabajo empieza mucho antes de preparar las maletas. "La conexión hay que cuidarla durante todo el año".

