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La Policía libera a ocho mujeres en un narcoprostíbulo de Madrid: dormían en el suelo y eran vigiladas todo el día

La Policía Nacional ha detenido a ocho personas como presuntos integrantes de una organización criminal dedicada a la explotación sexual.

La Policía Nacional ha detenido a ocho personas como presuntos integrantes de una organización criminal dedicada a la explotación sexual.
Captura de vídeo del momento de la detención. | Policía Nacional

La Policía Nacional ha detenido en Madrid a ocho personas –siete mujeres y un hombre– como presuntas integrantes de una organización criminal dedicada a la trata de seres humanos con fines de explotación sexual y al tráfico de drogas. En la operación han sido liberadas ocho mujeres, que se encontraban bajo un férreo control por parte del grupo.

La investigación se inició en abril del pasado año, cuando los agentes tuvieron conocimiento de la posible existencia de un entramado que explotaba sexualmente a mujeres en situación de especial vulnerabilidad y que, de forma paralela, se dedicaba a la venta de sustancias estupefacientes. Las pesquisas permitieron localizar un domicilio en el distrito madrileño de Tetuán donde se desarrollaba gran parte de la actividad ilícita.

Según la Policía Nacional, la organización estaba encabezada por una mujer considerada la principal cabecilla, que utilizaba tanto el piso donde se ejercía la prostitución como su propia vivienda para la distribución de droga. De esta forma, evitaba acumular grandes cantidades de estupefacientes en un solo lugar y facilitaba su entrega cuando las víctimas debían desplazarse para prestar servicios sexuales fuera del domicilio.

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Durante el pasado mes de enero, los agentes llevaron a cabo tres entradas y registros en distintos inmuebles, en los que se intervinieron diversas drogas, básculas de precisión, teléfonos móviles, un ordenador portátil, datáfonos y cerca de 20.000 euros en efectivo.

Control permanente y condiciones de vida extremas

La investigación reveló que las mujeres eran sometidas a normas muy estrictas. Debían estar localizadas en todo momento y enviar de forma constante fotografías y su ubicación cuando realizaban servicios fuera de la vivienda. Además, el grupo contaba con seis mujeres que actuaban como encargadas, organizando turnos para garantizar que las víctimas ofrecieran servicios sexuales las 24 horas del día.

El inmueble disponía de varias habitaciones destinadas exclusivamente a los clientes, por lo que las mujeres tenían que hacinarse en un pequeño salón, sin un espacio habilitado para dormir, viéndose obligadas a descansar en el suelo. En la vivienda solo había una pequeña nevera destinada a bebidas para los clientes, sin que las víctimas pudieran utilizarla.

Las mujeres estaban obligadas a comer dentro del domicilio, siempre a través de servicios de comida a domicilio, y eran vigiladas de manera permanente mediante cámaras de videovigilancia. Si había clientes en el interior, tenían prohibido salir, incluso aunque tuvieran citas médicas o se encontraran enfermas.

Los servicios sexuales se anunciaban en páginas web especializadas y aplicaciones de mensajería instantánea, lo que permitía a los clientes elegir directamente a las mujeres o acudir al domicilio para su presentación. En ningún caso podían negarse a realizar un servicio si eran seleccionadas. Los pagos se efectuaban tanto en efectivo como a través de aplicaciones bancarias.

Droga y estafa a un cliente

Los agentes también constataron que la organización ofrecía droga a los clientes y que, en uno de los episodios investigados, lograron anular la voluntad de un hombre durante más de diez horas, dejándolo inconsciente. En ese tiempo realizaron múltiples movimientos bancarios, llegando a sustraerle más de 4.200 euros de su cuenta bancaria.

A los detenidos se les imputan delitos de pertenencia a organización criminal, prostitución, contra la salud pública y blanqueo de capitales.

Malestar vecinal por la ubicación del local

Cabe destacar que, según ha informado el diario El Mundo, el piso donde se desarrollaba la actividad estaba situado en la calle Franco Rodríguez, un enclave especialmente sensible, ya que se ubicaba entre una guardería y un parque infantil.

De acuerdo con las pesquisas policiales, la existencia del prostíbulo era conocida en el entorno y algunos clientes llegaban incluso a llamar a las puertas de otros vecinos del edificio y de inmuebles colindantes preguntando por el local, lo que había generado alarma y un profundo malestar vecinal.

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