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Blanco y en botella

Todo lo que rodea esta imputación nos lleva a pensar que estamos ante una terrible trama de corrupción. Es una corrupción más, sí, en un Estado endeudado y, sobre todo, desmadejado.

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Dos lecciones importantes pueden extraerse del caso Blanco. La primera es de carácter particular, y afecta exclusiva y directamente al ministro de Fomento: o dimite, de acuerdo con los propios criterios que él mismo aplicó a otros casos de supuestas corrupciones, o estará puesto en cuestión toda su vida. Todo lo que rodea esta imputación nos lleva a pensar que estamos ante una terrible trama de corrupción. Es una corrupción más, sí, en un Estado endeudado y, sobre todo, desmadejado.

Creo que estamos ante una situación de desmadejamiento del Estado; en efecto, aunque la denuncia contra el ministro no surge directamente por parte de un particular, sino que procede de una investigación del juzgado de Lugo acerca de un empresario, que había sido denunciado previamente por la Agencia Tributaria, es de todo punto imposible concebir que, en un Estado serio y vertebrado, un ministro de Fomento y portavoz del Gobierno se reúna con un empresario en una gasolinera para hablar de una mediación del primero en un negocio del segundo con el Ministerio de Sanidad.

Por otro lado, también repercute en la persona de Blanco que dos políticos, uno del BNG y otro del PP, hayan dimitido ya de sus cargos, porque están implicados en el mismo sumario que aparece el propio ministro. Y, por si no teníamos suficiente con todos esos datos, a las pocas horas de conocer la noticia de las acusaciones que recaían sobre Blanco, roban los ordenadores de los administradores concursales donde pudieran conservarse las pruebas contra el ministro. En fin, como se dice de la leche, esto es blanco y en botella.

La lección general del caso también es blanca y en botella. Se refiere al modelo territorial de España que es, por muy benevolente que seamos, el primer causante del endeudamiento, la desvertebración, la corrupción y la descomposición del Estado. Una vez más, en el caso Blanco, hablamos de una corrupción ligada a una Autonomía, la de Galicia; he ahí la enésima prueba de que el Estado de las Autonomías genera corrupción. Del poder central y, por supuesto, de las corruptelas de un posible cacique único, habríamos pasado a los caciquismos locales que, como mínimo, se multiplican por 17. El "Estado de las Autonomías" es una distorsión casi total de lo que se entiende, entre los países de la UE, por administración: las leyes y reglamentaciones de las comunidades son diferentes, no hay fluidez y comunicación entre ellas, ni siquiera hay una lengua común para comunicarse, etcétera... Los caciquismos autonómicos son, pues, los soportes fundamentales del actual estado de corrupción de España.

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