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¡Sánchez a prisión!

La sociedad española ha dado un paso adelante. Exige responsabilidades penales del presidente del Ejecutivo.

La sociedad española ha dado un paso adelante. Exige responsabilidades penales del presidente del Ejecutivo.
Pedro Sánchez inaugura la XXVI Asamblea del Consejo de la Juventud de España, este viernes en Madrid. | EFE/ Kiko Huesca

El principal cambio político que ha traído la crisis de Ceuta está a la vista de todos. Fue expresado el pasado miércoles por millones de ciudadanos. Salieron a la calle para solidarizarse con los ceutíes y criticar al gobierno de España. La dureza del repertorio de consignas que se corearon contra Sánchez es demoledora para la moral de cualquier persona normal, pero hubo una que contiene y canaliza el gran cambio que ha traído la invasión de Ceuta. Sí, la consigna dominante en esas concentraciones no fue "¡Gobierno dimisión!", tampoco resaltó la famosa canción del verano "¡Sánchez hijo de puta!", sino "¡Sánchez a prisión!". España entera gritó con fuerza y convencida de la maldad del presidente: "¡Sánchez a prisión!". Se escuchó en todas las ciudades de España y fue retransmitido al mundo entero por los medios de comunicación. La consigna coreada está al alcance de cualquiera que tenga oídos. He ahí la gran novedad que ha traído la ocupación de la ciudad de Ceuta por miles de individuos, haciendo insoportable la vida a los habitantes de Ceuta.

La sociedad española ha dado un paso adelante. Exige responsabilidades penales del presidente del Ejecutivo. Creo que este es el gran cambio de mentalidad de la ciudadanía española respecto de un Gobierno traidor. Pocos españoles se conforman con la dimisión de Sánchez. Exigen justicia y cárcel para el principal sospechoso de la "violación del territorio español". El grito "¡Sánchez a prisión!" deslegitima por completo a la primera autoridad política de España y pone en cuestión la viabilidad no sólo del sistema democrático sino del entero espacio público político. Mientras el jefe de Gobierno sea el principal sospechoso de traición a su Nación, es imposible el funcionamiento normal de las instituciones. Y esa sospecha ya es un lamento casi universal de la ciudadanía española; las encuestas tampoco engañan, incluso las más cercanas al gobierno dicen que un 79 % de la población no cree una sola palabra de los cuentos de Sánchez sobre Ceuta.

No es la única novedad política que ha traído la invasión marroquí del territorio español. Otras tres merecen destacarse. Ningún país democrático en el mundo duda de las responsabilidades políticas de los gobiernos de Marruecos y España en la invasión. Ningún analista serio cuestiona que estamos ante un ataque de guerra híbrida de Marruecos contra España. Nadie con sentido común puede dejar de percibir la reacción del gobierno de España como contradictoria, falaz y carente de toda lógica democrática. Salvo el gobierno de Sánchez, nadie duda de las implicaciones de Marruecos en la invasión. Esas condiciones bastarían para que un gobierno cayese. Sin embargo, tiendo a pensar que serán utilizada por Sánchez para mantenerse en el poder. Al fin y al cabo, donde mejor se mueven los gobiernos tiránicos es en situaciones de excepción. Si no las hay, las crean para sobrevivir. Lo de Ceuta es, pues, de libro de ayuda para Sánchez.

No obstante, es pertinente que los ciudadanos se pregunten: ¿aguantará Sánchez la presión política, mediática y social para seguir en el poder? ¡Quién sabe! No es fácil ponerse en la piel de este hombre. Llegó al poder desestabilizando todas las instituciones. Se ha mantenido sin dejar un sólo día de tensionar, forzar y manipular el orden democrático hasta el punto de que la mayoría de la ciudadanía ha acabado por darle la espalda. No puede salir a la calle sin cientos de guardaespaldas. Ha vivido completamente aislado, durante casi un mes, en un palacio. Provoca en la sociedad más rechazo que empatía. No hay institución política que este personaje no haya intentado controlar con triquiñuelas totalitarias. Miente por sistema. Engaña a propios y extraños. En una misma frase puede decir una cosa y la contraria. Es la pura arbitrariedad… Todo esto es sabido. Pero lo que desconocemos es qué le aconsejan sus médicos. Quizá alguno de ellos, imitando al poeta Simónides en el diálogo con el tirano Hierón de Siracusa, le habrá planteado que no merece la pena tanto esfuerzo, que está jugando peligrosamente con su vida, que considere seriamente la cuestión: ¿es más feliz el tirano que el hombre privado? Ay, me temo lo peor, Sánchez nunca podrá distinguir al uno del otro. Su situación familiar no ayuda a la distinción. En fin, porque el poder absoluto es la única fuente de dicha para este sujeto, seguirá persiguiendo a los españoles… De momento, ya ha creado un Estado de sitio real en Ceuta apropiándose de parte de la ciudad para alojar y mimar a los invasores.

El Puerto de Ceuta, en realidad, toda la ciudad está a disposición de Sánchez. Nadie quería a los invasores allí, salvo Sánchez. Por eso, precisamente, ya les está preparando el alojamiento en el Puerto y sus aledaños… Es el rasgo definitivo de que vivimos en una dictadura comisarial. El Estado de sitio muestra los límites de la normatividad jurídica: la ley ordinaria no puede prever ni regular completamente la situación de emergencia, por lo que se requiere una instancia con poder de decisión no completamente reglada. Schmitt sigue siendo la fuente de los dictadores contemporáneos. La dictadura en el ordenamiento del estado de derecho existente, como diría el teórico germano, es el Estado de sitio. O sea Ceuta.

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