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De Inglaterra a China

Los españoles podríamos aprender varias cosas de los chinos: primero su capacidad de ahorro, la más alta del mundo, y en segundo lugar su capacidad de trabajo.

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Sigo en Londres. Paseo por Oxford Street. Esta calle populosa y abigarrada de locales comerciales está llena de vida. Una hora andando por esta zona da para todo un tratado de sociología de la vida cotidiana. Pero este cronista sólo aspira a un par de impresiones, unas observaciones rápidas, que contrasten, o quizá no tanto como uno pudiera creer, con lo que vemos en cualquiera de una calle comercial de una gran ciudad española. He visto más de cinco tiendas de Zara en menos de un kilómetro. No son pocas, pero comparado con la presencia de los chinos no es nada. China está en todas partes. Cualquiera puede comprar un microondas fabricado en Zhuai (China) en una tienda especializada o en unos grandes almacenes de Oxford Street. Otro tanto podríamos decir de los cepillos de dientes originarios de Hangji, por no hablar de las bombillas, de malísima calidad, que regalaba el ministro Sebastián.

China, en verdad, ha penetrado la calle Oxford Street de modo parecido a como lo ha hecho en Madrid y en el resto de Occidente. China, en verdad, lleva zarandeando al mundo hace tiempo. Napoleón fue un gran visionario al decir: "Dejad a China dormir, porque cuando despierte sacudirá al mundo". Así es. China despertó hace tiempo, mientras Occidente se durmió como un viejo, o peor, prefirió dormitar, entre otros motivos, porque hay millones de importadores encantados de comprar productos baratos de "todo a cien" por un lado, y por otro existes miles de empresarios occidentales que sueñan con colocar y vender su productos a más de 1.300 millones de chinos.

En cualquier caso, nadie crea que la economía china es una fábrica de cepillos de dientes y juguetes baratos, sino que está orientando su economía a una velocidad endiablada hacia sectores más productivos. Sectores que van más allá de las calles comerciales de cualquier ciudad europea. Por ejemplo, China es capaz de construir una central nuclear en tan sólo quince meses, cuando en los países desarrollados tardan una media de diez años. La industria espacial china está creciendo a un ritmo exponencial y ya son capaces de colocar un satélite en órbita por la mitad de lo que cuesta hacerlo en EEUU, Europa o Rusia. China está desarrollando un sistema de navegación para uso civil y militar similar a los sistemas GPS de EEUU o el Galileo europeo que dará servicio a China y países vecinos en poco más de dos años y al mundo entero en 2020. El tren de alta velocidad de tecnología china, Armonía, compite ya con trenes españoles, alemanes y franceses en los grandes concursos internaciones. Etcétera.

En fin, sin entrar ahora en denunciar la "generosidad" y el silencio cómplice de Occidente con la dictadura comunista china, creo que los españoles podríamos aprender varias cosas de los chinos: primero su capacidad de ahorro, la más alta del mundo, y en segundo lugar su capacidad de trabajo. Ahorro y trabajo, sí, porque el resto es añadido.

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