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Zapatero

Esperpéntica visión

No pasa nada. El pasotismo de Zapatero parece perfectamente instalado en una sociedad desmovilizada. La Nación se desintegra, pero ZP y todos los socialistas han cerrado filas al grito: Aquí no pasa nada. Ganaremos las elecciones y todo solucionado. Falso, falso y falso. Pero siguen mintiendo porque hay millones de imbéciles. El presente es peor que una ficción. Es un engaño vacío entre el pasado y el futuro. Los socialistas miran para otro, pero son los responsable del fin de la nación española. La pobre Rosa Díez dice cosas contra sus compañeros de partido, pero sabe que no irá muy lejos sino rompe, corta, con el PSOE y monta otra estrategia. La solución no está en los Tribunales sino en la política. Tiene mérito, en cualquier caso, esta mujer. Tiene muchos arrestos esta señora en un partido cansino y sin nervio.
 
El PSOE es, hoy, pragmatismo amanerado. Los socialistas han reducido la Nación a una masa fofa. Todo parece desvertebrado. Los profesorcitos e "intelectuales" de bolsillo viven al margen de la realidad. Los políticos profesionales, ay, esa gente incapaz de decir una verdad si no se cobra en nómina, parecen que no quieren enterarse del desastre español para no incomodar a sus jefes. Y de la prensa, ay, para qué hablar sino es para denunciar su cinismo, su tiránica autodisciplina, a la hora de imitar a los políticos pusilánimes.
 
Hablemos, sin embargo, de la prensa cobarde. Hablemos de esos individuos que se agarran a un clavo ardiendo para no perder sus prebendas. Hablemos de esa gentuza que se autoengaña, se autocensura, como si lo ocurrido el día 30 de diciembre en el Parlamento Vasco hubiera sido una novedad. Mentira. Todos sabíamos que votarían los terroristas el Plan de Ibarrreche. Excepto el dignísimo periódico centenario, que lo mantienen cuatro o cinco columnistas serios a la hora de escribir sobre la cuestión nacional, la estrategia "nihilista" del social-nacionalismo del PSOE ha conseguido inocular a la mayoría de los editorialistas de la prensa nacional.
 
Algunos periódicos del viernes y del domingo eran esperpénticos. Los peores se escandalizaban porque los terroristas de Batasuna hubieran votado el Plan de Ibarreche. En verdad, el viernes sentí vergüenza al leer un editorial que decía que "Ibarreche estaba absolutamente convencido de que su plan no sería aprobado…". Mal está que la gente viva engañándose permanentemente, pero es abracadabrante que un editorialista, alguien que debe saber la coherencia con que actúa el nacionalismo y el terrorismo desde el Pacto de Estella, diga que es una sorpresa que el plan de Ibarreche haya sido votado por los terroristas de ETA. Por favor, hombre de dios, si los objetivos de ETA, y usted lo sabe muy bien, son los mismos que los de Ibarreche, entonces porqué no deberían votar juntos.
 
Por lo tanto, quien escribe esa imbecilidad, responde o bien a un censor interior, que completa la obra del censor público y oficial del nacionalismo, o es un cobarde, un inmoral, incapaz de mirar de frente la realidad criminal del nacionalismo. La cobardía moral exhibida por la prensa nacional simulando sorpresa porque los terroristas apoyaron el Plan Ibarreche revela algo más que estulticia. Es un comportamiento bastardo que termina favoreciendo a los asesinos de la Nación española.