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La Junta Electoral Central

Será menester seguir con atención las decisiones de la Junta Electoral Central, organismo clave del Estado para garantizar la limpieza del proceso electoral, porque sus decisiones pudieran ser determinantes para favorecer a uno de los dos grandes partidos en el recuento de votos. El modo cómo se lleve a cabo esa operación puede ser la clave para que el Rey llame al PP o al PSOE para que forme Gobierno. Ojo, pues, con las medidas que toma la Junta Electoral Central, porque no sólo está en el ojo del huracán electoral como lo estuvo en anteriores elecciones, sino que ahora, según fuentes muy autorizadas, los ocho magistrados y los cinco catedráticos que conforman esta institución reciben presiones por todas partes y, más concretamente, de la "maquinaría de guerra" electoral socialista, naturalmente, para que este partido sea favorecido en el recuento de los votos. Me explico.

Esperemos que funcione bien este organismo por el bien de la democracia. En principio, no hay porqué desconfiar de que su funcionamiento será ejemplar no sólo para garantizar la igualdad de todos los partidos a la hora de competir por el voto de los ciudadanos, por ejemplo, en tiempos de publicidad institucional, sino que también garantizará que el recuento de los votos sea limpio, por ejemplo, que la forma de contar los votos, o sea, sumarlos, sea la misma para los distintos partidos que compitan en la arena electoral. Pues que sin métodos genuinamente limpios y transparentes para ejercer el voto no hay resultados democráticos. Y, en fin, porque en la democracia las formas para seleccionar a los representantes populares son determinantes de los contenidos, es menester fijarse en ellas detenidamente para que no se falsifique ni adultere el sistema democrático.

Entre esos métodos hay uno que resulta fundamental para garantizar la limpieza del proceso democrático, me refiero, insisto, a la manera de contabilizar los votos de cada uno de los electores. Además, en un sistema de bipartidismo político casi perfecto, como es el español, ese asunto "técnico" de cómo contabilizar los votos y, sobre todo, cómo pudieran sumarse votos a uno de los dos grandes partidos de otros partidos, sí, de partidos diferentes en términos legales, pero "vinculados" o "hermanados" políticamente para formar en el futuro mayorías, resultará un asunto fundamental en las elecciones del 9 de marzo. Si las diferencias, según vaticinan la mayoría de los estudios demoscópicos, son mínimas entre los dos grandes partidos políticos que pueden formar gobierno, es decir, si es verdad el empate técnico entre PP y PSOE que predicen las encuestas, entonces el trabajo de la Junta Electoral Central sobre cómo contabilizar los votos del PP y PSOE será clave para determinar quién ha ganado.

Pondré tres ejemplos para mostrar la importancia que reviste este asunto para los comicios del día 9 de marzo. Primer ejemplo, Izquierda Unida, que se presenta en algunas circunscripciones electorales en coalición con otras fuerzas políticas, ha pedido a la Junta Electoral Central que se le sumen esos votos a los que consiguiera en otras circunscripciones que se presenta ella sola. La respuesta de la Junta Electoral Central ha sido negativa: IU tiene que concurrir en todas las circunscripciones en coalición o sólo como IU; y si no lo hace así, no se sumarán los votos obtenidos en coalición a los que consiguiera como única fuerza. La respuesta parece sensata y razonable. Nada que objetar.

El segundo ejemplo es una constatación. Aunque todo el mundo sabe que UPN y PP son partidos hermanos, aunque alguien haya llamado en cierta ocasión "primo" a los peperos, nunca se han sumado los votos del primero a los del segundo. En todos los recuentos electorales siempre han aparecido los votos de uno y otro partido plenamente diferenciados. Jamás se sumaron los votos de UPN a los del PP. Es lógico, porque UPN es un partido independiente del PP y, precisamente, por eso nunca se han sumado los votos del primero a los del segundo. Si en las próximas elecciones se sumasen esos votos, los resultados electorales podrían obviamente dar un vuelvo a favor del PP. Tampoco hay nada nuevo que decir.

Tercer ejemplo, y seguramente determinante del resultado del 9-M, el PSC, que es un partido político estrictamente diferenciado del PSOE en términos legales y, seguramente, en términos ideológicos, tampoco debería plantear que sus votos fueran agregados a los del PSOE. Menos todavía, obviamente, debería pedir algo semejante el PSOE. Sería un fraude. Y, sin embargo, la maquinaría de "guerra electoral" montada por el PSOE para estas elecciones pudiera conseguir lo que es una barbaridad jurídica y, por supuesto, democrática: sumar lo que no parece lógico, o sea, sumar los votos del PSC como si fueran del PSOE. ¿Imposible? No se precipiten en responder, porque tratándose de la maquinaría de guerra electora del PSOE, sin duda alguna, todo es posible. Al PSOE no le importa ni la ética ni la estética si de votos se trata. Este partido es sólo una maquinaría electoral que funciona como si estuviéramos en una guerra, o sea, si por un voto se mata, ¿qué no harían por cientos de miles?

En efecto, el origen político del PSC apenas tiene nada que ver con el PSOE. Surge más bien para la vida pública por motivos nacionalistas que nacionales. El PSC es un partido que figura en el Registro de Partidos Políticos al margen del PSOE. El PSC tiene representantes diferentes al PSOE en la Junta Electoral Central. El PSC se expresa a través de voces distintas y, a veces, muy enfrentadas a las de PSOE, por ejemplo, en las reuniones para repartir espacios de publicidad gratuitos en TVE, etcétera. El PSC, pues, es un partido totalmente diferente al PSOE, ¿entonces por qué habrían de sumarse sus votos a los del PSOE? ¿Existe alguna legitimidad legal que avalase tal cambalache? No la hay, excepto una pero nada tiene que ver con la "ley", a mi juicio, sino con el uso torticero de la justicia y el sistema democrático de la que hablaré otro día.

Así las cosas, sigamos con atención las decisiones de la Junta Electoral Central, que trata por "juegos" y "añagazas" jurídicas eludir, o sea, no mancharse con el asunto planteado por el PSOE y el PSC. Pero decisivo para el futuro de la democracia española, pues que igual que, en aritmética, no pueden sumarse peras con manzanas, tampoco deberían, en elecciones, sumarse votos de partidos diferentes.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.

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