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Las funciones positivas del sindicalismo español desaparecieron por completo en los años ochenta. Por eso, todos los primeros de mayo los sindicatos salen únicamente a celebrar sus miserias. Sus resentimientos. Este Primero de Mayo lo sindicatos han vuelto, otra vez, a tocar fondo de su perversidad. Por fortuna, pocos son los que salen a la calle con esta gente, pero eso no debería ocultarnos la estulticia y cinismo de los discursos de sus líderes. Pero, lejos de lo que creen algunos bienpensantes, el sindicalismo español tiene una terrible función que cubrir en el esquema político del socialismo. Su negación de la realidad los sitúa en la parte más abyecta del proyecto totalitario de Zapatero.
Hoy por hoy, el sindicalismo ha quedado reducido a ser una agencia de encubrimiento de las maldades políticas del PSOE. Los sindicatos españoles, o sea, UGT y CCOO sólo tienen un objetivo: negar los hechos históricos y convertirlos en cuestiones opinables. Por ejemplo, todo el mundo sabe que el franquismo desapareció con Franco, pero ellos lo niegan y mantienen que el franquismo aún existe. ¡Luchamos, dicen con voz impostada y ridícula, contra el franquismo de hoy! Todo el mundo sabe que los sindicatos revolucionarios han desaparecido en el mundo entero, pero ellos lo niegan y se manifiestan con las banderas de Lenin. ¡Luchamos, dicen con cinismo, por la fraternidad de los hombres! Nadie niega que el PSOE esté en el poder ni que, en cierto sentido, gobierne en España, pero ellos se manifiestan contra el PP. Repasen las trivialidades dichas en los discursos del Primero de Mayo y verán que las únicas "críticas", por llamarles algo, se dirigen contra el PP. ¡Bochornoso!
A CCOO y UGT les da lo mismo la "verdad fáctica", los hechos históricos, porque su función es hacer de eso algo opinable, o sea, mentir. La mentira es su maquinaria de trabajo. Los sindicatos españoles desempeñan un papel fundamental, junto a los grandes medios de comunicación de masas al servicio de los socialistas, a la hora de negar la realidad común y objetiva de todos los españoles. Quien transforma el hecho en opinión es algo peor que un demagogo mentiroso. Es alguien que colabora directamente con el crimen y la perversión.
En el fondo, los sindicatos españoles actúan sabiendo que existen las perversidades laborales, injusticias contra los trabajadores, en fin, saben que es un hecho las terribles desigualdades que pueden crear tanto el Estado como el mercado, pero es peligroso hablar de ellas, porque los pondrían a ellos en la picota. Actúan, pues, como en la época de Hitler y Stalin: todos sabían que había campos de concentración y exterminio, su existencia no era ningún secreto, pero era mejor hablar de antisemitismo o de comunismo. De modo parecido actúan nuestros sindicalistas: porque existen las desigualdades laborales creadas por los sindicatos, es mejor hablar de la fraternidad universal. ¡Miserables!
Pues en eso están los sindicatos españoles: hay que hablar de cualquier cosa, excepto de la realidad. Todo es plausible, excepto reconocer los hechos. Son sindicatos, por lo tanto, que niegan su propia esencia: la denuncia de la realidad que hace injusta e infeliz la vida de los trabajadores. Por eso, mi idea de los sindicatos es tan sencilla como la del común de los trabajadores españoles: no sirven para nada. No representan a nadie y la elite dirigente sólo hace política "revolucionaria" al servicio de Zapatero. En fin, la escoria de la política española está incrustada en los sindicatos.
Este año, sin embargo, han dado un paso adelante en su apoyo al Gobierno de Zapatero. Sí, sí, sus discursos son más propios de los antiguos países del Este de Europa, o mejor, de los sindicatos franquistas, que de sindicalistas serios y preocupados por defender a los trabajadores. Este año ni siquiera han condenado de boquilla el terrorismo de ETA y, por supuesto, no han hecho ni una sola mención a los dos trabajadores asesinados en Barajas por las bombas de ETA.

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