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Reforma estatutaria

Rajoy negocia y el PP languidece

Porque pensar es exagerar, presento aquí de hiperbólica manera mi parecer sobre la supuesta “iniciativa” de Rajoy para negociar con Zapatero. Aznar jamás negoció lo innegociable, pero Rajoy ha decidido romper con la política que llevó al PP al poder. El PP pasó de ser partido de oposición a partido alternativo y, más tarde, a partido de gobierno, porque consiguió que su programa político coincidiera con una idea clara y distinta de millones de españoles. España estaba por encima de las minorías nacionalistas y, por supuesto, fuera de cualquier negociación que se pareciese a las demandas conjuntas de terroristas, independentistas y nacionalistas. El PP basó sus éxitos en la principal debilidad del PSOE: una idea democrática y homogénea de España. Nada contra la concepción de España que recoge nuestra Constitución.
 
El PSOE, sin embargo, nunca dejó de coquetear con los nacionalismos, especialmente el PSC ha hecho de esta colaboración nacionalista la base de su existencia. El PSOE ha llegado al poder en condiciones trágicas, pero persiste en el error, o mejor, en llevar a cabo las exigencias de los nacionalismos y terrorismos. Si en el pasado gobernó España con arbitrariedad, porque fue incapaz de construir unos criterios homogéneos para todo el territorio español, ahora, con el PSC gobernando con los nacionalistas y comunistas en Cataluña, ha hecho de esta política su seña de identidad. En realidad, siguen a pies juntillas la política diseñada hace ya años por el PNV.  La vieja y dramática cuestión de España es demasiado grande para el PSOE. Ni en el gobierno ni en la oposición fue capaz de resolverla sino era destruyendo España. Muchos no quieren enterarse, pero la cosa es clara. El PSOE vuelve al poder con la misma “política” por la que fue expulsado: dividir España en tres naciones: El País Vasco, Cataluña y España. La última respuesta de Zapatero a la pregunta de Jiménez Losantos sobre qué es una nación fue significativa...
 
¿Qué opciones tiene el PP ante esta propuesta nacional-socialista? Oponerse firmemente defendiendo la idea de España, que llevó a Aznar al poder, o, por el contrario, “dialogar” con el PSOE sobre cómo y cuándo terminar con España. Rajoy ha preferido ensayar la segunda opción al pedir dialogar con Zapatero. ¡Acaso el “sentido común” logre atemperar la fiebre del socialismo secesionista! Lo dudo. El paso “centrista” dado por Rajoy es muy peligroso. En primer lugar, peligra la unidad del PP, pero ahora creo que el asunto prioritario es percatarse de la trascendencia de la opción de Rajoy para quienes creen en una idea de España como nación democrática. Rajoy, seamos sinceros, no propone agenda alguna, sino que acepta la de Zapatero. Quien no se entere de que las iniciativas del PSOE ya han triunfado, no sabrá por dónde irá la política española en los próximos años. Más aún, no podrá ni siquiera sospechar que ETA muy pronto propondrá una tregua para contribuir a la ruptura de España. En fin, las diferencias entre las propuestas iniciales de Zapatero y los resultados finales, después de negociar con Rajoy, será un problema de pequeños matices, porque la iniciativa principal del PSOE, que es la idea misma de negociar todo, especialmente la desaparición de España, con talante, educación y mucho diálogo, ya ha sido aceptada por el  PP. Esta conclusión no es una hipérbole, amigos lectores, sino una tragedia. Los hechos son obvios. La “iniciativa” de Rajoy de dialogar con Zapatero es retórica. Rajoy, en verdad, no asume ninguna iniciativa real. Sólo pide participar en las propuestas de Zapatero. Pide dialogar con Zapatero sobre las reformas de la Constitución, de los estatutos y de la ley de financiación autonómica.
 
En realidad, Rajoy pide acompañar a Zapatero a pactar las exigencias de los nacionalistas, mientras observa extasiado cómo los mercaderes europeos pisotean la única lengua oficial de España en todo el territorio: el castellano. Claro que tendrá consecuencias jurídicas, como ha reconocido el diario de Polanco, el que se traduzca la Constitución europea en catalán, vasco y gallego, pero se olvida decir que estas consecuencias no serán a favor de la Europa de los ciudadanos, sino de los  mercaderes que pastorean los “pueblos” de Europa como si fueran ovejas.
 

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