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Columna publicada el 15-01-2006
John Lynch-Cummins (británico y residente en Mallorca desde hace más de 42 años, casado con una mallorquina) contempla “horrorizado cómo a nuestros nietos no se les enseña, para nada, en los colegios el español, sino únicamente el dialecto del catalán que se emplea en este pueblo”. Ya de paso, don John se maravilla de la costumbre española de traducir los nombres de las personas. Cita el caso de los ingleses que dicen “King Juan Carlos” y no “King John Charles”. En cambio, los españoles dicen “la Reina Isabel” (por la del Reino Unido) o “el príncipe Carlos” (por su hijo mayor). Añade don John que esa tendencia traductora no se sigue en España con los nombres de los actores de televisión. Es cierto, en el español es corriente la facilidad para traducir los nombres de las personalidades extranjeras, pero no hay una norma fija. Esa facilidad se aplica sobre todo a las personalidades egregias o a las clásicas. Ya hemos hablado aquí de Tomás Moro o de Martín Lutero. A Charlie Chaplin se le conoce como Charlot en España y Carlitos en Argentina. Los cuentos de Guillermo Brown no son de William Brown. Robin Hood es para nosotros Robín de los Bosques. A saber cómo llamaban los suyos a Confucio o a Mahoma.
A José Manuel G. Calzada (Gijón) no le gusta que yo emplee la voz “anglicano” para referirme al idioma inglés. Preciso mi idea. Se puede decir “inglés” para referirse estrictamente a la lengua o a la nacionalidad. Pero si se trata del modo de ser de los ingleses, de sus símbolos o peculiaridades culturales, lo de “anglicano” viene muy bien. No es nada “rebuscado”, en contra de lo que sostiene don José Manuel. Nada más anglicano que el bar o el pub. Bar (= barra) se asimila a la de los abogados, la que separa el estrado donde se alojan los jueces en los juzgados. El mismo tono solemne se da a la “barra” de los bares o pubs. Era la forma de decir que, agarrado a ella, el borrachín tenía derecho a solicitar más alcohol. Todo eso es anglicano más que inglés. De seguir leyendo esa seccioncilla, don José Manuel terminará pro aceptar lo de “anglicano”. Es algo parecido a “hispánico” frente a “español”, “franco” frente a “francés”, “germánico” frente a “alemán”.
José Fernández-Quevedo Egocheaga nos aporta unas interesantes precisiones sobre el pub. Es la construcción de public bar (= barra pública), en el sentido de un local con numerosas regulaciones para el buen acomodo del público. Se refiere don José al mejor pub del mundo, The Moon under the Water (= la Luna bajo el agua), un pub imaginario descrito por Orwell. Don José dice conocer un pub de Sussex llamado The Red Lion (= el León Rojo). “Enfrente hay una granja. Orwell escribió allí Animal Farm (= Rebelión en la granja)”.
Aránzazu de Miguel añade una precisión. Pub es el apócope o contracción de public house (= casa pública). El dueño era el publican. Añado que lo de public en inglés tiene el sentido de servicio al público, no del Estado. Es parecido a ese SP (= servicio público) que llevan los taxis. ¡Qué nombre tan lindo: Aránzazu de Miguel!
José R. Perdigón me corrige. “Los grumos, bolas o agregados son lumps en inglés, no slumps. Slump es caída súbita, desplome. Insiste don José en la distinción cow-beef, lamb-mutton, pig-pork como un resto de la dicotomía entre el lenguaje afrancesado de los normandos (los que mandaban) y el sajón del pueblo en la Inglaterra medieval. La historia se repite tanto que no acaba de convencerme. En España tenemos dicotomías parecidas y no hemos participado de la dualidad sajones-normandos. Así, pez-pescado, pezuñas o patas de marrano frente a manitas de cerdo. Simplemente lo que está sobre la mesa es más noble que lo que anda suelto por la naturaleza. Para un aragonés o un navarro el ternasquico es el cordero cuando se sirve en la mesa. Más cariñoso no puede ser. En las regiones valenciana y murciana dirán mojama, no huevas de pescado o pescado seco.

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