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Nada que celebrar

El pasado día 17 se celebró el Día Mundial de Internet, la gran "aportación" española a la difusión de la Red en todo el orbe. La que naciera como una legítima idea de una asociación privada, la Asociación de Usuarios de Internet, en la que el Gobierno decidió malgastar nuestro dinero, se transformó en un jornada que es "celebrada" a lo largo del planeta tras ser aprobado esto en el liberticida Túnez durante la Cumbre Mundial para la Sociedad de la Información.

Soy de los que piensan que este tipo de "Días mundiales de..." no suelen servir para casi nada... excepto para que algunos funcionarios justifiquen su puesto, algunas ONG obtengan ciertas subvenciones y las televisiones puedan llenar unos cuantos segundos de sus noticiarios. En serio, unos cuantos ordenadores instalados en una carpa situada en una céntrica plaza de Madrid o París no van a conseguir que se conecten a Internet más personas. Tampoco lo lograrán unos anuncios televisivos o radiofónicos en varios países ni casi todas esas iniciativas absurdas que suelen saturar este tipo de jornadas. Además, apenas ha habido un recuerdo a aquellos que no tienen nada que celebrar.

Me hubiera gustado un Día Mundial de Internet dedicado a exigir la libertad de todos aquellos que sufren penas de prisión por expresarse a través de la Red, a reclamar que el régimen de Fidel Castro y otras dictaduras permitan que los ciudadanos de sus países puedan acceder a Internet sin tener que pedir un permiso especial del Gobierno. Hubiera disfrutado con una jornada en la que recordara que hay tiranos, como Robert Mugabe, que rechazan cualquier intento de acercar a la Red a los habitantes de su país con la excusa de que las tecnologías de la información se usan "como plataforma para el espionaje y vehículo de propaganda y desinformación para tratar de deslegitimar las luchas justas contra los vestigios del colonialismo".

Mientras haya personas en muchos lugares del mundo que viven esa situación, cuando todavía existan seres humanos que pasan por situaciones como las que viven Guillermo Fariñas, el egipcio Alaa, Zhang Lin y muchos otros no habrá nada que celebrar. Es importante difundir el uso de la Red en aquellos países en los que podemos conectarnos y usarla libremente sin peligro de acabar en la cárcel, pero mucho más es recordar a quienes no pueden hacerlo y luchar para que su situación cambie. El día 17 no había nada que celebrar, sólo algo que condenar: la falta de libertad en Internet.

Hay que hacerlo por un mínimo sentido de justicia, por una cuestión moral. Se debe apoyar a quienes no son libres y condenar a aquellos que impiden que lo sean. Pero también se ha de hacer por egoísmo. Cuando a un chino le impiden contar lo que piensa, a un español le niegan el derecho a conocer lo que esa persona tiene que decir. Si a un cubano le está vetado acceder a la Red, a un alemán le vetan la posibilidad de comunicarse con él. En la web, la libertad de una persona está conectada con la del resto de la Humanidad. Mientras en algún lugar del mundo Internet no sea libre, no lo será tampoco del todo en el resto del planeta.

Antonio José Chinchetru es autor de Sobre la Red 2.0.

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