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El candidato Rubalcaba, un mentiroso compulsivo

Si por algo se ha caracterizado el ministro Rubalcaba ha sido por ser un mentiroso compulsivo. No parece que el candidato Rubalcaba vaya a comportarse de un modo muy distinto.

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La subordinación del Gobierno, y por tanto del interés general, a los dogmas de la izquierda y a las necesidades electorales del PSOE ha sido una constante dentro del Ejecutivo de Zapatero. Se ha violentado la legalidad, se ha mentido una y otra vez a los españoles, se ha dinamitado la división de poderes, se ha hecho quebrar la economía y se ha condenado a cinco millones de españoles al desempleo.

Obviamente, la estrategia de Rubalcaba de cara a las próximas generales pasa inexorablemente por distanciarse de la desastrosa gestión del Gobierno del que ha formado parte durante los últimos cinco años. Absurdo empeño, sobre todo desde octubre del año pasado, cuando Rubalcaba fue nombrado vicepresidente plenipotenciario del Ejecutivo y líder de facto del PSOE. De hecho, si algo caracteriza a Rubalcaba es el haber estado relacionado con los episodios más funestos del felipismo y del zapaterismo.

Empero, el todavía ministro del Interior está, sin duda, haciendo denodados esfuerzos por construirse una nueva imagen y aparentar que cuenta con un renovado y esperanzador programa. En su intento, sin embargo, está exhibiendo los mismos rasgos que no en vano han caracterizado al que también ha sido su Gobierno: improvisación permanente, ausencia completa de ideas, demagogia a raudales e irrefrenable impulso a engañar a los votantes.

Así, por ejemplo, el vicepresidente del Gobierno de los cinco millones de parados ha prometido conocer las recetas para acabar con el paro y ha vuelto a guiñarles el ojo a la extrema izquierda de los indignados arremetiendo contra la banca. Por supuesto, Rubalcaba carece de cualquier programa –o, al menos, de cualquier programa eficaz–, porque en tal caso sólo cabría concluir que el candidato socialista es un sádico que ha disfrutado viendo cómo las cifras de desempleo se han multiplicado por dos. Si sabe cómo hacerlo, ¿por qué no ha atajado hasta ahora semejante sangría?

Lo mismo sucede con su populista discurso contra la banca, del que ya ha venido echando mano en otras ocasiones. Rubalcaba sabe, o debería saber, que toda su radical palabrería no puede llegar a traducirse en medidas concretas, a menos que quiera condenar el sector financiero, y por tanto al país, a atravesar muy serias dificultades. Lo único cierto hasta el momento es que su Gobierno, lejos de poner en jaque a los bancos, los ha recapitalizado con dinero público (aunque de manera mucho más lenta y torpe que el resto de países occidentales).

En definitiva, si por algo se ha caracterizado el ministro Rubalcaba ha sido por ser un mentiroso compulsivo. No parece que el candidato Rubalcaba vaya a comportarse de un modo muy distinto.


 

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