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Columna publicada el 14-11-2002
Es inútil que Aznar pida coherencia a Zapatero en la cuestión nacional, porque para el Secretario General del PSOE la única coherencia que vale es la que tiene como horizonte la victoria de Maragall. Si finalmente se produce, como espera Zapatero y debería temer el PP, se completará el arco sucesorio previsto por González y Cebrián: todos juntos y revueltos contra el PP, desde el nacionalismo carca hasta los restos de la izquierda soviética, un Pacto de Progreso que sería una traducción literal del apaño balear y que podría hacer Presidente del Gobierno a Zapatero cuatro años antes de lo previsto. Si es que alguien lo preveía en serio hasta hace unos meses, cuando Aznar decidió “suicidar” a su partido con una dosis letal de centrismo reformista, cargándose la política económica y social que tan buenos resultados había dado de seis años acá.
Pero si la victoria de Maragall tiene importancia no es sólo porque pueda servirle de trampolín a Zapatero. Suele repetirse la humorada inteligente de que la victoria del nacionalista-socialista catalán sería una mala noticia para el candidato del PSOE, en la medida en que desvelaría la inquietante improvisación en materia constitucional y nacional de un PSOE enfeudado al nacionalismo. Y eso llevaría a los votantes preocupados por España, de derecha, de centro e incluso de izquierda a apoyar sin fisuras al candidato del PP, sobre todo si es Mayor Oreja. Pero en el caso de que el PP no obtuviera una mayoría muy holgada, la clave de la formación de Gobierno volvería a estar en Convergencia. Y si el PSC tiene mayoría absoluta, solo o con Esquerra Republicana, lo normal (dentro de la anormalidad del nacionalismo que no obedece a la coordenada derecha/izquierda, sino al irredentismo y al odio antiespañol) es que la tribu de Pujol se eche al monte, acentúe su nacionalismo para purificarse en la oposición y se niegue a apoyar al PP para gobernar en Madrid. Entre otras cosas, porque ya de nada le sirve el apoyo del PP para gobernar en Barcelona.
O sea, que lo importante para Zapatero de la victoria de Maragall es que puede quitarle al PP los votos de Pujol y darle a él La Moncloa. Por eso Maragall puede pedir la Corona de Aragón para sus descendientes y Odón Elorza el voto para Ibarreche, que al líder del PSOE le parecerá muy bien. El punto flaco del PSOE puede ser su punto fuerte, según los votos que se sumen en las autonómicas y en las nacionales. Y probablemente esos votos los va a decidir una cosa bastante antigua llamada España, de la que algunos políticos sólo se acuerdan cuando llegan las elecciones. Y otros prefieren, incluso entonces, olvidar.

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