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LOS MITOS DEL NACIONALISMO VASCO

El exterminio de la clase política

Esta nueva entrega de Los mitos del nacionalismo vasco (Planeta) está conformada por varios pasajes del capítulo 19, titulado 'El exterminio de la clase política'. En ellos José Díaz Herrera nos recuerda el pasado del cabecilla de Batasuna Arnaldo Otegui, conocido por Gordo por sus conmilitones de la organización terrorista ETA Político Militar.

El funesto Plan Ibarretxe para la independencia del País Vasco se ha hecho sobre centenares de víctimas, sobre miles de cargos políticos obligados por la fuerza a abandonar sus casas, a sus familias y a dejar las Provincias Vascongadas. Habitualmente, la prensa ha hecho referencia a los asesinatos de militares y guardias civiles. Sin embargo, ETA sabía que los agentes de las fuerzas de orden público podían sustituirse unos por otros. La eliminación de la clase política, de los alcaldes, diputados forales y políticos que constituyeron el sostén para que España gobernara en las Provincias Vascongadas durante la Restauración, la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y el franquismo eran la piedra angular de la nación, y, como "enemigos del pueblo vasco", acabar con ellos fue el objetivo de ETA y de sus cómplices nacionalistas. (...) no hay pueblo, villa o ciudad de Euskadi en la que no se haya derramado la sangre de fueristas, tradicionalistas, carlistas y viejos monárquicos, cuyo único delito ha sido amar a España. De esta manera, la clase dirigente que dice representar las esencias del pueblo vasco intenta construir su nación sobre un cementerio de cadáveres, sistemáticamente ignorados por el Parlamento y el Gobierno vascos.
 
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Si es cierto el refrán de que "bicho malo nunca muere", a Arnaldo Otegui Mondragón, portavoz de Euskal Herritarrok, el brazo político de los pistoleros en el Parlamento de Gasteiz, con la cobarde connivencia del presidente de la Cámara, Juan María Atutxa, le quedan todavía muchos años de vida.
 
Nacido en 1958 en Elgóibar (Guipúzcoa), licenciado en Filosofía y Sociología, en 1978, casado y con dos hijos, con apenas 20 años de edad se encarga de vigilar a los empresarios vascos José Lipperheide, Luis Olarra, Javier Artiach y a otra media docena de empresarios de Neguri para realizar un secuestro.
 
Pistolero de los llamados "comandos operacionales" de ETA pm [político militar], conocido por el apodo de El Gordo, Otegui aprendió pronto la técnica del secuestro y el 18 de febrero rapta al director de Michelín en Vitoria, Luis Abaitua, al que oculta en una cueva de su pueblo, Elgóibar, durante diez días.
 
Hijo y nieto de socialistas, su verdadera obsesión, sin embargo, ha sido la aniquilación y el exterminio de la clase política no abertzale del País Vasco, constante que deja en los acuerdos que ETA firma con el PNV y Eusko Alkartasuna en 1998, conocidos como Pacto de Lizarra.
 
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El 25 de junio de 1979 Gabriel Cisneros Laborda, diputado por Soria y responsable de la UCD en la ponencia que habría de discutir en el Congreso de los Diputados el Estatuto de Autonomía para el País Vasco, publica un artículo en La Hoja del Lunes de Madrid en el que hace una dura crítica a las concesiones que el Gobierno está dispuesto a hacer a los nacionalistas vascos.
 
Gabriel Cisneros.Fue como firmar su pasaporte al mundo de los represaliados por ETA. Al día siguiente, el jefe del aparato militar de ETA pm, José Aulestia Urrutia Txotxa, (...) ordena una reunión del Comando Kalimotxo en la cafetería Riofrío de Madrid.
 
Allí les ordena secuestrar a Cisneros, la "bestia negra" de la "construcción nacional". Desde que el proyecto de Estatuto ha entrado en las Cortes, un comando de información de ETA, integrado por Arnaldo Otegui Mondragón y Maryvonne Gervais, instalados en un piso franco de la calle Maestro Guerrero, 20, se ha dedicado a seguir los pasos del "cerebro gris" de la UCD en materia autonómica.
 
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(...) el Comando Kalimotxo, integrado por Arnaldo Otegui Mondragón, Luis Alcorta Maguregui, José María Ostolaza Pagoaga, Françoise Maruhenda y Maryvonne Gervais, tras identificar el coche de la víctima, analizar el terreno, estudiar las vías de escapatoria, decide el secuestro (...) cuando Cisneros regrese a casa. La fecha señalada, el 3 de julio de 1979.
 
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(...) en el momento en que Cisneros avanza por la mitad de la calle [Lope de Rueda], dos personas, que posteriormente [dos testigos] identifican como José María Ostolaza Pagoaga y Luis Alcorta Maguregui, se le acercan por la espalda, le encañonan con una pistola y le ordenan que les acompañe a un Seat 127 rojo, a cuyo volante se halla Arnaldo Otegui Mondragón.
 
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Alcorta Maguregui le suelta (...) para poder meter una mano en uno de los bolsillos y sacar las llaves del coche. En ese momento Gabriel Cisneros hace un esfuerzo y logra soltarse de sus secuestradores, pero pierde el equilibrio y cae al suelo. Entre tanto, José María Ostolaza le sigue apuntando con una pistola.
 
"Venga, ¡dale ya!", grita Alcorta.
 
Cisneros echa a correr hacia la calle Sainz de Baranda, cuando se oyen una serie de disparos, apagados por el ruido de los coches y las conversaciones de los transeúntes. (...) Varios transeúntes se lanzan contra los terroristas, que huyen del escenario del crimen. Entre tanto, [unas personas] recogen el cuerpo de Gabi Cisneros y lo trasladan al hospital Francisco Franco, donde salva la vida de milagro.
 
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El 30 de julio ETA reivindica el atentado. "Cisneros es uno de los más distinguidos (sic) enemigos del Estatuto de Autonomía y, además, ha sido uno de los defensores de la presencia de las Fuerzas del Orden Público en la cárcel de Soria", la prisión donde se encuentra (...) la mayor parte de los pistoleros de ETA.
 
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A comienzos de septiembre de 1979 José Aulestia Urrutia Txotxa convoca de nuevo a los componentes del Comando Kalimotxo.
 
"La campaña Estatuarekin presoak kalera (con el Estatuto, los presos a la calle) está en marcha. Además, tenemos que presionar al Gobierno con un secuestro para conseguir las mejores contrapartidas posibles", les dice.
 
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A la cita con Txotxa (...) asisten Arnaldo Otegui Mondragón Gordo y José María Ostolaza Pagoaga Bigotes, junto con Françoise Maruhenda. Las órdenes de José Aulestia Urrutia son tajantes.
 
– Tenéis que hacer lo mismo que con Cisneros, pero esta vez sin fallos.
– ¿Y si intenta huir? –inquiere Gordo.
– Si trata de escapar se le ajusticia.
 
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Javier Rupérez [por entonces secretario general de UCD] baja de su casa a las 9.10 de la mañana [del 11 de octubre de 1979] para acudir a un congreso de la UCD. Se sube al coche, baja la ventanilla, y cuando está a punto de poner el marcha el motor, Arnaldo Otegui Mondragón le encañona por una ventanilla, mientras Françoise Maruhenda lo hace por la otra.
 
Javier Rupérez.Rápidamente, Otegui se sitúa en el asiento del conductor, obligándole a desplazarse al del copiloto, y Maruhenda ocupa el asiento trasero, desde el que no deja de apuntarle (...) Se lo llevan en su propio coche hasta la Casa de Campo (...). Y para que no pueda pedir auxilio ni hacer señas raras a los demás conductores le obligan a poner las manos sobre las rodillas, a levantar la cabeza y a mirar fijamente al dedo pulgar.
 
"Si alguien nos descubre, aquí mismo te achicharramos", no deja de repetirle el hoy portavoz de Euskal Herritarrok, el hombre que buscaba por todos los medios, en 1979, la aprobación de un amplio estatuto como un primer peldaño hacia la independencia.
 
En la Casa de Campo le obligaron a tomar varias pastillas valium y a ingerir un litro de agua para evitar los efectos secundarios. Luego le metieron medio dormido en el maletero del Seat 127 y le trasladaron al chalet de Hoyo de Pinares [que habían alquilado].
 
(....)
 
Otegui y los suyos, con el consentimiento del sector más radical del PNV, que años más tarde protesta porque se disuelvan los "poli-milis", han dado su primer paso hacia la independencia de Euskal Herria. Sus planes para exterminar a la clase política que se opusiera a la semiindependencia de Euskadi consagrada en el Estatuto les saldrían, además, gratis.
 
Entregado por las autoridades francesas en 1987, Arnaldo Otegui Mondragón estuvo en prisión hasta 1990, cumpliendo condena por el secuestro de Luis Abaitua Palacios, presidente de Michelín de Vitoria. Vuelve a ingresar al año siguiente por el secuestro de Rupérez y el intento de asesinato de Gabriel Cisneros. Al año siguiente, en 1993, al celebrarse el juicio, quedó en libertad por falta de pruebas.
 
Tras estudiar una carrera con el dinero de todos los españoles, incluidas sus víctimas, Otegui es en 2005 para el Partido Nacionalista Vasco Otegi jaunak, un respetable señor, tal y como aparece repetido centenares de veces en el Diario de Sesiones del Parlamento Vasco.
 
(...) Juan María Atutxa, carlista de los que acudían a los actos de Montejurra, y Xavier Arzalluz, hijo de carlistas convertidos a la fe nacionalista, se cuentan entre los principales defensores de Batasuna, gracias a cuyas acciones el PNV ha logrado hacerse con el control casi exclusivo del poder político en las Vascongadas. Otegui, uno de los estrategas de la aniquilación sistemática y premeditada de sus adversarios, no ha dejado de recordar permanentemente al PNV, en el Parlamento de Vitoria, por qué y gracias a qué ocupan casi en exclusiva el palacio de Ajuria Enea.
 
Tras la obtención de un Estatuto a sangre y fuego, los pistoleros de ETA tratarán de aniquilar a la Unión de Centro Democrático en el País Vasco. Era la peculiar forma como estos "jóvenes descarriados" daban las gracias a quienes les habían conseguido las libertades democráticas.
 
 
LOS MITOS DEL NACIONALISMO VASCO: Las matanzas del Cabo Quilates.

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