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Columna publicada el 30-10-2003
Al día siguiente de la elección de Esperanza Aguirre para Presidenta de la Comunidad de Madrid, Ruiz Gallardón ha anunciado su nueva política municipal, con aumento de gastos y el consiguiente aumento de los ingresos, en forma de deuda y de impuestos.
El equipo de Esperanza Aguirre ya tenía que lidiar con el considerable gasto que Ruiz Gallardón deja tras de sí en la Comunidad. Tendrá que lidiar también con el alcalde. Evidentemente, Ruiz Gallardón está dispuesto a contradecir los principios básicos en los que se sustenta el programa y el ideario de su propio partido.
Ruiz Gallardón tiene dos cosas a su favor. La primera es que Madrid necesita una imagen global, que corresponda a su categoría de gran capital. Álvarez del Manzano, el anterior alcalde, era un hombre demasiado discreto, demasiado liberal para intentar tamaña empresa. Modernizó Madrid y la administración del Ayuntamiento mucho más de lo que el equipo de Ruiz Gallardón está dando a entender ahora. Pero no pudo llegar tan lejos como se requería. Ruiz Gallardón, con un estilo agresivo y un gran marketing, parece mejor preparado para hacerlo.
En segundo lugar, Ruiz Gallardón se ha convertido en un ganador. No siempre ese instinto le ha dado buen resultado. En el Congreso del PP de 1987 se inclinó del lado de Hernández Mancha frente al de Aznar. Estuvo del lado de los vencedores, pero no por mucho tiempo. Desde entonces, Ruiz Gallardón parece arrasar allí por donde pasa. Los partidos saben lo que eso vale.
Ahora bien, Ruiz Gallardón ha ganado siempre a la sombra del Partido Popular de Aznar. Y el Partido Popular de Aznar se marcó desde el primer momento una línea de austeridad y de contención en el gasto público. Ese ha sido su instrumento económico fundamental, lo que ha permitido prosperar a la sociedad española y, a falta de una oposición seria, lo que le ha hecho ganar las elecciones desde entonces.
La subida del gasto en el Ayuntamiento, con la consiguiente subida de impuestos y el aumento previsto de la deuda municipal, es toda una declaración. Frente a la política económica del PP de Aznar, Ruiz Gallardón levanta la bandera de una derecha española que se parece más a la derecha clásica europea, intervencionista, paternalista y con pocos o ningún escrúpulo a la hora de trazar la frontera entre lo público y lo privado.
Se entiende que tenga buena prensa entre la izquierda. Ruiz Gallardón representa la continuidad del consenso (socialista y democratacristiano) que rigió la vida política europea hasta los años ochenta. Dentro del PP es la manifestación de una línea subterránea que aparece en su verdadera dimensión justamente cuando no hay nadie con capacidad para marcar el territorio. Esperanza Aguirre no ha tomado posesión de su cargo, Rajoy está en funciones de sucesor, y Aznar, en las de despedida. La alcaldada de Ruiz Gallardón es un desafío. Veremos quién gana el pulso.

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