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Atentado de ETA

Siniestro total

A medida que pasan los días, cada vez sabemos menos cosas del atentado del 30 de diciembre. No conocemos el explosivo, ni la identidad del propietario de la furgoneta secuestrado, ni lo ocurrido durante el secuestro. Tampoco tenemos dato alguno sobre el comando. Ni en función de qué Rodriguez Zapatero recordó como un hecho del más remoto pasado, un día antes del atentado, los coches bomba que los etarras habían querido hacer estallar en Madrid. No tenemos la más remota idea de por qué Rodriguez Zapatero dijo una cosa el sábado y sus subordinados, en particular Rubalcaba, el valido en este asunto, con la vicepresidenta desaparecida, se vieron obligados a decir lo contrario pocas horas después, sin que el propio Rodríguez Zapatero corroborara esa nueva versión de sus propias palabras. Tampoco sabemos qué ha sido de las varias voces que se han oído, bien claras, en la esfera de Prisa y el PSOE, contra la continuación del "proceso".

Total, que el gobierno que llegó con la promesa de decir la verdad sigue aplicando su ya tradicional política de opacidad y de mentira sistemáticas. Lo único que está claro es que Rodríguez Zapatero intenta poner cara áspera y ganar tiempo. ¿Para qué? Probablemente para poner en marcha una nueva fórmula de pacto antiterrorista que le permita prolongar lo que ahora mismo se antoja una auténtica agonía, es decir, evitar la convocatoria de elecciones e implorar a los terroristas que no cometan un nuevo "accidente violento", porque ese era el nuevo nombre de los atentados en su neolengua. ¿O no es así, señor Rodríguez Zapatero?

En rigor, la política que un Rodríguez Zapatero contra las cuerdas puede proseguir a partir de ahora se traducirá única y exclusivamente en perjuicio del Estado y de la seguridad de quienes vivimos en España. Rodríguez Zapatero ha desmantelado los medios de la lucha contraterrorista. Por fin los etarras consiguieron su sueño: hacer estallar en Madrid una bomba de las dimensiones de una declaración de guerra. Ha sustituido el acuerdo antiterrorista por el pacto del Tinell, que es el inspirador de la desastrosa declaración del Congreso que en 2006 dio el visto bueno a una negociación con los etarras que, por cierto, los socialistas ya estaban llevando a cabo desde mucho antes. Finalmente, Rodríguez Zapatero ha puesto su destino, y el nuestro, en manos de los etarras. No es que hayamos vuelto atrás. Estamos mucho peor que antes. Todos los sabíamos, salvo Rodríguez Zapatero. El primero, Rubalcaba, que cada vez miente peor.

Ante esto, el Partido Popular debe reaccionar con prudencia, pero con firmeza. La manifestación contra el terrorismo que el gobierno no ha convocado, la podría convocar él en el momento que juzgara oportuno. Pedir que el gobierno vuelva al pacto antiterrorista está bien, siempre que el PP tenga claro que eso entraña una ruptura definitiva con los etarras, algo que Rodríguez Zapatero no está dispuesto a hacer, tal como él mismo ha dejado bien claro, y tampoco puede hacer, porque inmediatamente tendría un nuevo "accidente violento" encima de la mesa.

En cuanto todo el mundo comprenda que Rodríguez Zapatero no romperá su "proceso de paz" –la expresión ha cobrado ahora todo su significado de sarcasmo sangriento–, el Gobierno se merece una moción de censura en la que se le ponga frente a las responsabilidades políticas que le caben en el desastre que estamos viviendo. Se perderá, pero Rajoy tiene argumentos y experiencia suficientes para dejar bien claro quién defiende el Estado, la sociedad, la seguridad y la libertad de los españoles. A partir de ahí, cada cual correrá con su responsabilidad ante la opinión pública.

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