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ETA al faisán

Decían que la intuición no existía y ahora se revisa el dicho. Bergson, el pobre, que soportó las iras del positivismo, se remueve de felicidad en su tumba. Y hace bien, porque acabo de tener una intuición pasmosa. No pasmosa porque me deje pasmado. Ya lo espero todo de este equipo de malvados. Pasmosa, de pasma, porque pasma que en las cocinas de Rubalcaba sea un sector de "la pasma" la que cocina un final de ETA a la carta para este PSOE sin horizonte. Dentro de mi corazón suena cada vez más un tambor que anuncia que la banda terrorista va a hacer gestos, tal vez EL GESTO, en favor de la mejora electoral del PSOE. Pachi López, el helador de las sangres nobles, ha oficiado una vez más de sumo sacerdote. 

Hay quien cree en ese extraño seno del PP que el pescado está todo vendido. Y siguen las encuestas sumando puntos a su favor. Ya van por el 47 por ciento y más de 190 escaños. Pero quedan poco menos de dos meses y la diferencia entre los perversos y los malos –en esta historia, buenos buenos, no hay –, es que los malos sienten en los momentos decisivos un ataque de duda, incluso de moral. Craso error. Los perversos lo son por no haber experimentado nunca tamaña debilidad. Te pegan dos tiros y se toman un café. O ponen un paquete bomba y se ponen a mirar desde la ventana cómo unos niños lo recogen y explotan. Lamentablemente, la oligarquía que gobierna el PSOE en España es capaz de cualquier cosa. Lo ha sido en el pasado y a menos que sufra una revolución ética y estética –algo estadísticamente muy improbable–, lo volverá a ser en estos comicios y después. Recuerden el chiste sobre el carácter del escorpión. 

Las palabras de López, el asentimiento de Rubalcaba, las piruetas de Pumpido y sus fiscales, las hipocresías evidentes de Pepiño, el sacapecho de González y las oportunas pleitesías de ETA en los últimos días arropan la intuición que me posee. Recuerden cómo Bergson explicaba la intuición: es el impulso de la mano cuando acude al picor del brazo, certero, directo, preciso, eficaz, exacto. No estudia trayectorias ni discute caminos, ni probabilidades. Sencillamente, sabe, va, rasca y resuelve el desequilibrio. Sí, aquí se está cocinando el plato que hay que presentar en el menú electoral para que el PSOE, al menos, no pierda por goleada. ETA al faisán rociado con lágrimas de víctimas. En otra España, en otra democracia, en otra sociedad, el plato no hubiera llegado siquiera a la carta. Pero si donde no hay harina, todo es mohína, donde no hay valores, todos son horrores. Y me pica. Mucho.

Por ello, mi mano va a rascarse con una papeleta electoral para tratar de impedir que se consume lo que intuyo ya ocurre. Lo prometo.