
JAG puede ser, cómo no, José Antonio Griñán. O José Antonio Girón (de Velasco). O cualquiera. Pero el sentido común, el perfil trazado por el juez y los informes policiales y las demás circunstancias, parecen apuntar en una dirección bien clara.
Imaginemos que sea cierto que, como dijo el abogado malagueño Antonio Urdiales, las siglas JAG aparecidas en un trastero de Juan Antonio Roca, el capo de la trama marbellí, junto a la anotación contable de 200.000 euros entregados por diversos favores, correspondan a Juan Antonio González, el supercomisario de del ministro Rubalcaba para casos de corrupción política y otros menesteres. En este caso, todo un ministro del Interior del Reino de España estaría en manos de un presunto delincuente imputado en un extenso sumario. Juan Antonio Roca sólo tendría que hacer público a qué persona corresponden tales siglas para desbaratar el Ministerio de Interior y provocar la dimisión inmediata de su titular.
Muy seguro parece estar Rubalcaba de que lo que dijo Urdiales no es cierto y se está aplicando a la defensa numantina de su supercop, que, curiosamente, no ha presentado querella alguna por injurias contra el abogado de Torremolinos. Lo único que se sabe es que ante "estas gravísimas acusaciones, realizadas tanto en la sede del Tribunal como a la salida de la Sala, los servicios jurídicos del Sindicato Profesional de Policía, en defensa de su afiliado, han presentado esta misma mañana solicitud de Licencia al Tribunal para proceder contra el letrado Alfonso (es Antonio) Urdiales por un delito de calumnias de forma inmediata". Sorprendente anomalía porque en caso de injurias y/o calumnias quien debe interponer la correspondiente querella es la persona afectada por tales imputaciones
En realidad, lo que dijo Urdiales fue que las siglas JAG no podían ser de otro sino de Juan Antonio González, cosa que no sólo deduce él de los mimbres del sumario, sino que es una deducción generalizada en los cuerpos superiores de la Policía Nacional que uno mismo ha podido comprobar.
Con menores indicios se han desvelado personalidades ocultas por siglas a bombo y platillo. En el caso Gürtel, se ha hecho a malsalva. LB, por ejemplo, fue Luis Bárcenas con toda seguridad mucho antes de que pudiera demostrarse nada. Y en el famoso caso de corrupción andaluza conocido como "Caso Ollero" (o Cacerolo), los pinchazos telefónicos judicialmente ordenados sólo recogían apelativos como "Ópera", "árbol"y otros que pronto fueron descifrados comoAida Álvarez, Rafaeldel Pino, etc.
Sin embargo, en esta ocasión, los vestigios que muestran que JAG debe ser, por deducción lógica, Juan Antonio González son, cuando menos, respetables. Puede ser una mala deducción, más nunca una injuria. De serlo, otras muchas habrían precedido a la que comentamos.
El juez, en el sumario, no menciona sólo unas siglas sino que hace un perfil de quien se oculta tras ellas. En una relación de llamadas aparece la mención "JAG (Francisco de Paula) Comisario de Marbella" y se dice con toda claridad: "Por lo tanto, la persona que se esconde bajo el acrónimo JAG es una persona que conoce la estructura policial y que está al tanto de las decisiones en el Cuerpo Nacional de Policía". Y luego aparece un pago a favor de JAG y a cargo de Roca por importe de 200.000 euros. Junto a las siglas JAG aparecen, por si fuera poco, otros nombres de altos cargos policiales de ámbito nacional.
Y además:
Dicho esto, JAG puede ser, cómo no, José Antonio Griñán. O José Antonio Girón (de Velasco). O cualquiera. Pero el sentido común, el perfil trazado por el juez y los informes policiales y las demás circunstancias, parecen apuntar en una dirección bien clara.
De ser cierto lo que dijo el abogado Urdiales, que se fundó en todo lo anterior para decir lo que dijo, Juan Antonio Roca, el capo Malayo, tendría cogidos por partes blandas al ministro Rubalcaba y a su subordinado González.
Por ello, de ser cierto, Rubalcaba, si le quedase algún sentido del Estado, debería dimitir de manera inmediata para que España, su Gobierno y sus instituciones no se vieran perjudicadas por el chantaje de un imputado. De disponer aún de algo de decencia política, debería pedir ser sustituido por quien nada tuviese que temer de quien sabe perfectamente –y juega con el secreto–, a qué identidad corresponden las siglas JAG.
Pero si Rubalcaba cree que no es cierto, debe ordenar de manera inmediata una investigación exhaustiva e incansable para determine sin lugar a dudas qué identidad late tras las siglas JAG, por su bien, por el bien de la Policía y por el bien del país.

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