
Los últimos datos del Instituto Canario de Estadística (ISTAC) reflejan que el pasado mes de abril cerró con 93.766 canarios cobrando el subsidio por desempleo. Si miramos la foto del mes anterior, marzo, la cifra era de 90.373. Hablamos de un repunte del 3,8% en apenas treinta días. Tres mil ochocientas familias más que han tenido que pasar por el aro de la burocracia estatal para llegar a fin de mes.
Un año entero perdiendo dinamismo
Para quienes prefieren aferrarse al argumento del 'dato estacional', la comparativa con el año pasado desmorona cualquier excusa. En abril del año anterior eran 92.967 los perceptores del subsidio; hoy son un 0,9% más.
Esto no es un bache de un mes; es una tendencia. Las islas siguen perdiendo ese dinamismo privado que permite a un ciudadano ser dueño de su futuro sin depender de la arbitrariedad de una ayuda pública. En lugar de aligerar la carga tributaria y eliminar las infinitas trabas burocráticas que congelan la inversión en el archipiélago, la receta oficial sigue siendo gestionar la escasez.
La trampa de la 'cobertura'
El informe del Ministerio de Trabajo también refleja que la tasa de cobertura escaló hasta el 69,6% (casi cinco puntos más que el 65% registrado el año pasado por estas fechas).
En los despachos oficiales se brindará por este dato como el enésimo 'éxito de la protección social'. Pero para la economía real, la de quienes pagamos impuestos en Canarias, una tasa de cobertura más alta es el síntoma de una enfermedad crónica: el trabajador que pierde su empleo pasa cada vez más tiempo atrapado en la red de la subvención porque el mercado laboral es demasiado rígido para ofrecerle una salida rápida y digna en el sector privado. No es protección; es estancamiento.