
El movimiento de Ángel Víctor Torres al convertir la sustitución de Matilde Asián (PP) por Nieves Lady Barreto (CC) en el Consejo de Política Fiscal y Financiera en un conato de crisis institucional responde a una maniobra de estrategia de cuña (wedge strategy). La ofensiva del PSOE insular, secundada por la retórica de Nueva Canarias, no busca fiscalizar el fondo técnico de los 1.300 millones de euros de la financiación autonómica, sino erosionar el equilibrio de poderes dentro del Ejecutivo insular.
Al poner la lupa sobre la ausencia de la titular de Hacienda, la oposición intenta sembrar una doble sospecha calculada: o bien el Partido Popular cede su área de mayor peso financiero ante el protagonismo de Coalición Canaria desde la Consejería de Presidencia, o bien el Gabinete padece de una falta de disciplina interna para fijar interlocutores ante Madrid.
Esta interpretación ignora de forma consciente que sustituir a un consejero por otro es un procedimiento habitual y plenamente legal. Sin embargo, a Torres le resulta sencillo alimentar el conflicto porque juega con una ventaja clara: utiliza la influencia de su cargo como ministro del Gobierno central para golpear al Ejecutivo regional en su papel de líder del PSOE canario.
La neutralización del desgaste y la batalla por la iniciativa política
La respuesta de la dirección del Ejecutivo y del vicepresidente Manuel Domínguez ha sido inmediata para cerrar filas y evitar que Madrid condicione la agenda canaria. Al enmarcar la presencia de la Consejería de Presidencia en el Consejo de Política Fiscal como una decisión de Estado respaldada por todo el Gabinete, el Gobierno regional desarma el ataque de la oposición: no hay un abandono de Hacienda, sino una representación institucional al máximo nivel para defender los intereses de las islas.
Esta contraofensiva deja al descubierto la jugada del PSOE insular, que prefiere buscar fricciones políticas y titulares de prensa antes que apoyar una postura común en la negociación del nuevo modelo de financiación autonómica, retratando la irrelevancia de una federación reducida a mero peón de Ferraz, dispuesta a boicotear los recursos de su propia tierra con tal de mendigar minutos de atención mediática y tapar su absoluta incapacidad para influir en la agenda regional.
