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Castilla y León

¿Podrían convertirse en okupas las monjas cismáticas de Belorado?

Más allá de las cuestiones de fe o las diferencias que han llevado a las clarisas a romper con Roma, ¿tienen derecho a quedarse en el monasterio?

Más allá de las cuestiones de fe o las diferencias que han llevado a las clarisas a romper con Roma, ¿tienen derecho a quedarse en el monasterio?
El 29 de mayo expiró el mandato de Sor Isabel como abadesa del monasterio. | Europa Press / Captura de video

El espectáculo que están ofreciendo las clarisas cismáticas de Belorado desde que anunciaron su ruptura con Roma no parece tener fin. Hasta el momento, hemos visto: a la exmadre abadesa aferrada al cargo que ha expirado, a una de las hermanas jóvenes del convento colgando videos en Instagram al mas puro estilo influencer, a un obispo excomulgado al que se acusa de liderar una secta (la Pía Unión de San Pablo Apóstol) oficiando misa en la iglesia del monasterio y a un falso cura que es miembro de esa dudosa organización como portavoz de las religiosas.

Más allá de las cuestiones de fe y las diferencias que han llevado a estas monjas de clausura a decidir marcharse de la Iglesia católica, muchos se preguntan si estas mujeres tienen (o tendrán, una vez que se sean excomulgadas) derecho a seguir residiendo en el Monasterio de Santa Clara de Belorado, como defiende su portavoz (José Ceacero, representante de la Pía Unión que entra y sale del convento como Pedro por su casa desde que las hermanas difundieron su manifiesto el pasado 13 de mayo). Para responder a esta cuestión, lo primero que debemos preguntarnos es ¿a quién pertenece el inmueble?

Fuentes de la Federación de Clarisas de Nuestra Señora de Arantzazu (de la que forman parte las religiosas de Belorado), nos explican que "el monasterio pertenece a las hermanas que residen en él, pero es un bien de la Iglesia. No se puede vender y convertirlo en otra cosa". Nos dejan claro que "para cualquier operación de ese tipo, hay que pedir autorización a la Santa Sede". Algo en lo que también insisten otras fuentes eclesiásticas cercanas al caso, que han añadido algunos matices que pueden resultar cruciales para llegar al fondo de la cuestión.

"El monasterio de Belorado pertenece a las clarisas, pero a la orden de las clarisas", esa es la primera puntualización. También que tener en cuenta que "la representante legal era hasta el día 28 de mayo Sor Isabel de la Trinidad (madre abadesa durante los últimos 12 años, el máximo tiempo permitido). Pero desde que la Santa Sede nombró comisario pontificio a don Mario Iceta (arzobispo de Burgos), él es el representante legal", señalan estas fuentes a Libertad Digital. "De hecho, si tú entras en el registro de entidades religiosas, verás que es así", nos invita a comprobar.

El representante legal

Y, efectivamente, la representación legal del Monasterio de Santa Clara de Belorado (que es la persona jurídica) corresponde a Mario Iceta, según se recoge en el registro de entidades religiosas del Ministerio de Justicia. Cabe recordar que la Santa Sede hizo oficial su nombramiento como comisario pontificio una vez que expiró el mandato de la madre abadesa (el 29 de mayo) y constató que la Pía Unión de San Pablo Apóstol -considerada una secta por el Vaticano- había desembarcado en el convento.

"Si ahora mismo Sor Isabel fuera a un notario queriendo vender algo de Belorado, por ponerte un ejemplo, no habría ninguno que le afirmara porque no le reconocería como representante legal", nos indican. En cualquier caso, aunque la exmadre abadesa hubiera continuado al frente del convento, no habría podido hacerlo por su cuenta y riesgo. "En un monasterio, como pasa en una parroquia o en una diócesis, para toda venta que supere el millón de euros -por los acuerdos ante la Santa Sede- hay que pedir permiso a Roma".

Un pie fuera del convento

Por otra parte, los derechos que las hermanas clarisas tengan sobre Belorado desaparecen en el momento -nos insisten- en el que se oficialice su salida de la Iglesia católica. Es decir, sean excomulgadas. Es un proceso que lleva su tiempo, pero -si no rectifican- "es el camino". "Nosotros, como Iglesia, no las queremos echar allí", nos aseguran, "pero si se empecinan es como tiene que acabar". "No hay ninguna prisa y tampoco queremos hacer sangre con las hermanas", nos insisten, "estamos dándoles la oportunidad de retractarse y de que vuelvan a la cordura, porque esto es una locura".

Lo que está pasando en el monasterio "es como lo de los okupas". A las fuentes consultadas por Libertad Digital les parece inconcebible que las monjas cismáticas pretendan romper con la Santa Sede, unirse a un grupo que saben que para Roma es una secta y que rechaza a todos los papas posteriores a Pío XII, y -aún así- quedarse a vivir en un inmueble que es de la Iglesia, a la que no quieren pertenecer. "Si no se retractan, serán excomulgadas. Así que se tendrán que ir a otro sitio y allí que hagan lo que les dé la gana", añaden. "Si siguen así, su camino es no ser católicas, ni clarisas ni vivir en el convento".

Oportunidad con fecha límite

La Santa Sede ha dado un plazo de entre 10 y 15 días a las hermanas cismáticas para que puedan retractarse y volver al seno de la Iglesia católica. El margen de tiempo más corto es el que ha concedido a las tres hermanas que pusieron una denuncia contra el comisario pontificio ante la Policía Nacional en Logroño, que ratificaron posteriormente en el juzgado de Burgos, y comenzó a contar el pasado viernes.

La decisión fue adoptada por Roma después de constatar "la nula intención de la comunidad de establecer cualquier diálogo con la persona designada por la Santa Sede y su equipo" para reconducir la situación, según el comunicado emitido por el Arzobispado de Burgos. El pasado 6 de junio, les trasladaron dos requerimientos. Y, al menos de momento, no han cumplido con ninguno de ellos.

En primer lugar, solicitaron a las hermanas una copia de las llaves del monasterio (sin exigirles que abandonen el convento) en un plazo de dos días hábiles, que acababa a las doce la noche del pasado lunes. Por otra parte, les pidieron que respondieran a la acusación de delito de cisma que afecta a diez de las monjas (se ha excluido a las cinco más mayores, que no se han expuesto públicamente) y se pronunciasen individualmente sobre su salida de la Iglesia católica.

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