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El ruido y la rubia (también la morena)

Ana Pastor y Olvido Hormigos tienen algo en común: ambas están buenas y alrededor suyo se ha montado un circo de tres pistas.

Rosa Belmonte
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Ana Pastor es una mujer inteligente. Si no, estaría en el psiquiatra como Belén Esteban. Sin querer, el sábado se convirtió en protagonista de la clausura del FesTVal de Vitoria. Había acudido como consorte porque Al rojo vivo, el programa de su marido, Antonio García Ferreras, tenía premio (el año pasado, lo tuvo Pastor). No obstante, empezó la cosa y Luis Larrodera pidió un aplauso. Mercedes Milá, que iba disfrazada de Jane Fonda con vestido de playa, se levantó y se volvió hacia ella aplaudiéndola. Luego habló el alcalde de Vitoria y contó la ilusión que le había hecho saludar a... Juro que creía que iba a nombrar a Concha Velasco, pero no, dijo el nombre de Ana Pastor. Susanna Griso pidió en el escenario un premio para Pastor y J.J. Santos alabó su profesionalidad (claro, que también lo hace con Sara Carbonero). Que Antonio García Ferreras le dedicara las mejores y más bonitas palabras fue lo de menos.

Aquello parecía el reconocimiento a Edward R. Murrow. Yo creo que Ana Pastor hasta debía de estar pasando vergüenza. Ana Pastor se ha labrado el ‘murrowismo’, vale, pero el momento en que se desborda no es obra suya. Y precisamente es el periodismo lo que se olvida en las adhesiones y los odios para dar lugar a bandos y ruido. Por sus partes, Olvido Hormigos, que ha estado este fin de semana en el parque de atracciones de Madrid, dice estar desbordada con todo lo que le está pasando. El ruido y la rubia. A la concejal de Los Yébenes no le han renovado su contrato como profesora de primaria interina (por los recortes). Ahora ejerce de famosa interina. De famosa interina desbordada. Tan absurda es la situación creada que la prensa se presentó el domingo en el partido de Preferente donde no jugó el futbolista amigo y presunto receptor del vídeo (así como presunto autor de la inicial difusión del mismo). Los compañeros del portero hablaban con la prensa como si estuvieran en la zona mixta del Bernabeu.

Lo único que une a Ana Pastor y a Olvido Hormigos es que están buenas. Al final, el escritor y cómico Joe Bob Briggs tiene razón. El sexto mandamiento de su ideario crítico dice: "Las mujeres nunca deben ser juzgadas por su aspecto físico. Deben ser juzgados por el tamaño de sus tetas". Y este es el juicio que más o menos se lleva a cabo con la concejal. Que una puede estar a favor de que no se la llame puta. Sobre todo porque si no eres Concha Velasco es imposible hacerlo con clase (y le sobraba en ese "puta más que puta" que soltaba a Ana Belén al final de Tormento). También puedo estar en contra de violentar la intimidad, faltaría más. Pero esta señora es rematadamente tonta. Por grabarse y por mandarse. Porque no tiene que venir Wolfgang Sofsky con su sesuda Defensa de lo privado (Pretextos) a alertarnos: "Quien crea que no tiene nada que ocultar, ha renunciado ya a su libertad y se niega a dirigir por sí mismo el rumbo de su vida. No debe, pues, extrañarse si la estupidez o la torpeza arruinan su reputación y reducen sus expectativas sociales". En el caso de Olvido, pese a nuestra cultura hipersexual, está por ver cómo sobrevive al vídeo lúbrico. Los hombres sobreviven mejor. Las mujeres, si son Paris Hilton, no reducen sus expectativas sociales. Pero las mujeres normales, guapas o no, son otra cosa.

Ana Pastor tendrá un trabajo y podrá seguir con el ‘murrowismo’. A Olvido Hormigos, que no tiene la consistencia y la inteligencia de Pastor, no sabemos qué le espera. Pero alrededor de ambas se ha montado un circo de tres pistas. Alrededor de Cecilia Giménez, que no está buena, también se montó. Si estuviéramos en Scandal, la serie de televisión, el vídeo de la concejal sería una inteligente estrategia de Olivia Pope para retirar la atención del Ecce Homo. Ana Pastor solo estaría en The Newsroom.

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