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Holy Tamara

Tamara Falcó ha mostrado su conocida faceta religiosa, y ha apuntado que no descarta meterse a monja si el Señor la llama.

Rosa Belmonte
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Tamara Falcó es autodidacta en su fe. Mientras a muchas nos han salido callos en las rodillas infantiles rezando el rosario en reclinatorios de tortura, ella descubrió a Dios a los 30 años. Primero entró en la Casa del Libro y tuvo su encuentro con la Biblia. Más tarde llegó el rosario y después la misa. Con ello ha conseguido que los paparazzi vayan a las iglesias, a esas donde ella va vestida de Miuccia Prada (como Miuccia, quiero decir, no de Prada). Desde que antes del verano descubriera al mundo sus querencias religiosas, no hay acto al que acuda donde no le pregunten por el asunto como el que pregunta por la práctica del cross-fit. Lo mismo es en una fiesta de Moët & Chandon que en la inauguración de la tienda de Jo Malone. Siempre sale la religión. Y sale desde la estupefacción de una sociedad descreída. Con lo que hemos sido. Una sociedad donde el convento de La Aguilera (Burgos) es una extravagancia y Sor Verónica, la superiora de Iesu Communio, una figura rara con hábito de denim. Pero Tamara también es rara, precisamente por alternar 'photocalls’ y evangeli.net. cosas que a algunos les parecen tan incompatibles como el foie y la Coca Cola. Que en el reportaje de Carmen Duerto en LOC del pasado sábado dijera que no descarta meterse a monja si el Señor la llama (en realidad dice "volverme monja", como el que se vuelve hombre lobo) es el último capítulo de la conversión pública.

Tamara no entraría en el convento después de una vida poco ejemplar, como Sara Montiel en Pecado de amor. Tamara Falcó, aparte de decente, es una de la chicas más queridas de la sociedad española. Sí, vale, no ha escrito ningún libro ni dirigido una película (otro asunto es si esas actividades son meritorias). Pero una ‘it girl’ o una ‘socialite’, por utilizar algunas tontas expresiones de ahora, no necesita algo así para desarrollarse en su mismidad. Tamara es adorable y amable con todos. Y eso que tiene que aguantar a los periodistas a la puerta de su casa todos los días. Tiene que aguantar que la fotografíen hasta cuando anula una multa de aparcamiento. También cuando se come un bordillo y si viene de hacerse la cara. Es una chica de buena familia (la de los Falcó es la mejor con la que ha emparentado Isabel Preysler). Una chica estudiada. De hecho, que su llamada religiosa se diera en la Casa del Libro dice mucho de ella. Tamara no necesita a Alain de Botton y Cómo cambiar tu vida con Proust (un libro delicioso). A ella le basta la Biblia. Es verdad que su peculiar forma de hablar la acerca a la Judy Holliday de Nacida ayer pero también que eso no es su esencia. Aunque la caracterice. Woody Allen decía que, en la vida real, Diane Keaton creía en Dios pero que también creía que la radio funcionaba porque llevaba personas pequeñitas en su interior. Parecida es la impresión que se tiene de Tamara. La de faltarle un hervor (ella se cocería en un wok).

Muchos se ríen de Tamara y otros le critican la exhibición pública de su fe. Que tampoco es que esté difundiendo la palabra de Dios, solo cuenta su experiencia. Y porque no paran de preguntarle, como si fuera un bicho raro. Nos hemos pasado de vueltas en dejadez religiosa, al menos en la nuestra. Nos parece tan normal que Madonna estudie y practique la Cábala (o lo que sea que haga) pero nos sorprende que una chica católica lo sea. Orson Welles decía que no rezaba porque no quería aburrir a Dios. Con Tamara, Dios estará de lo más entretenido.

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