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El placer de adelgazar

Las recientes imágenes de Shaila Dúrcal y Paulina Rubio, cada una por razones opuestas, han dado bastante que hablar.

Rosa Belmonte
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Paulina Rubio y Shaila Dúrcal

Hablar de costillas y lorzas en esta época es tan socorrido como hacerlo del calor. Llega el momento de exhibirse en biquini en las revistas y entonces aparece la policía de mollas y delgadeces. Diga lo que diga Shaila Dúrcal, lo suyo no es normal. Puede no estar enferma, vale, pero es para ponerse a cantar "Máaas delgada que ninguna" con la canción de su madre (Más bonita que ninguna). Y desde luego vendría muy bien la parte de "Yo no tengo sex appeal". Ninguno, hija. Cuando Pierre Dukan decía que los hombres no soportan a las delgadas se referiría al modelo Shaila (error, son las mujeres las que no soportan que otras estén más delgadas). Lo de Shaila no sigue ni los parámetros de la duquesa de Windsor. Ya saben que decía aquello de "Una mujer nunca es demasiado rica ni está demasiado delgada" (aunque también se atribuye a Coco Chanel). Ni siquiera la duquesa de Windsor ha estado así de escuchimizada, salvo al final. Lo cuenta Jenny Diski en su reseña de una biografía de Caroline Blackwood. Esta preparaba un libro sobre los últimos días de Wallis y fue a ver a la marquesa de Casa Maury, que llevaba 15 años siendo la amante Eduardo cuando apareció Simpson. Blackwood contó a la anciana que la duquesa había sido secuestrada en París por su abogada Suzanne Blum y que corrían rumores de que estaba en coma, se había vuelto negra y se había encogido al tamaño de una muñeca. La vieja marquesa casi se muere de risa.

Una semana después de que Lecturas sacara a Shaila en los huesos, QMD! nos sirve a una carnosa Paulina Rubio, casi poniéndose en modo Anita Ekberg. Lo de menos es lo de hacer pipí y echarse un agua (pero alma de cántaro, ¿por qué no te metes al mar un momentito para esas cosas?), lo de menos es eso, digo, lo que canta son los kilos de más. Ya puede empezar a ponerse las túnicas de su madre. De esto también tendrá culpa Colate. Me solidarizo con sus mollas. Como con la infanta Cristina que hace unas semanas salía en un barco en Menorca. Una mujer normal de su edad, vaya. Lo de las otras es lo que no es normal. Y por las otras me refiero a Ana Duato, Maribel Verdú y esas perfectas en biquini. A su edad (porque ahí está lo extraordinario). Que Amaia Salamanca esté delgada no llama la atención. Por cierto, que Rosauro (en las fotos que vemos en ¡Hola!) no le mete la mano en el bolso para cogerle el Tampax. ¿A quién se le habrá ocurrido semejante anuncio? ¿Y qué le importa al tipo ese cómo se mete el tampón?

Volviendo a lo nuestro, deberíamos hacer un partido de fútbol de gordas y flacas. Como aquel de folclóricas y yeyés. En el de las gordas, Paulina y Lucía Etxebarría ("yo era la gordita con gafas", dijo ella misma de su participación en el ‘Campamento de verano’). En el otro, Raquel Sánchez Silva y Shaila. Y en la reserva, Paula Vázquez, que hace años tuvo la chispa de fotografiarse en biquini y dos periódicos del día (como una secuestrada) para demostrar que no estaba tan delgaducha como la sacó In touch. Fue tan ridículo que El jueves hizo un montaje con su cara y un cuerpo tipo Gwyneth Paltrow en ‘Amor ciego’ con esta leyenda: "Paula Vázquez publica una foto en Twitter para demostrar a la revista In Touch que no está anoréxica". Shaila no parece tener la intención de hacerse una foto de secuestrada. Se la ve encantada. Ha conseguido lo que yo no voy a conseguir en la vida: que el placer de adelgazar sea superior al placer de comer.

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