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La rodilla de Nancy

Han pasado 20 años desde que Tonya Harding mandara golpear con una barra de hierro a su rival, la patinadora Nancy Kerrigan.

Rosa Belmonte
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Tonya Harding y Nancy Kerrigan | Corbis

La NBC estadounidense, que ha retransmitido los Juegos de Sochi, estrenó el domingo antes de la ceremonia de clausura su documental sobre las patinadoras Nancy Kerrigan (44 años) y Tonya Harding (43). Se llama, claro, Nancy & Tonya (la ESPN, especializada en deportes, estrenó otro con el título de El precio del oro). Han pasado veinte años desde que Harding mandara golpear con una barra de hierro a su rival Kerrigan. Fue el 6 de enero de 1994. Hemos visto muchas veces las imágenes de Harding entrenando en Detroit, saliendo de la pista, poniéndose las protecciones en las cuchillas y luego desapareciendo tras una cortina. Inmediatamente, la imagen (y, sobre todo, el sonido) vuelven. La patinadora llora en un pasillo tirada en el suelo, siendo atendida y preguntándose por qué ("Why? Why?").

La chunga Harding había dado indicaciones sobre dónde pillarla. Su exmarido y su guardaespaldas habían contratado al tío que golpeó la rodilla de Kerrigan con una barra. Un tipo que confesó que cuando golpeó la rodilla supo que no le había hecho mucho daño porque no sonó a huesos rotos. De hecho, ambas patinadoras participaron en los Juegos de Lillehammer. Pero el lío en la época fue monumental. Y muy atractivo. Un culebronazo protagonizado por una princesita de clase media (Kerrigan) y una destacada representante de la basura blanca (Harding). El documental El precio del oro, el de ESPN, planteaba la teoría de si los jueces olímpicos dieron la medalla de oro a la ucraniana Oksana Baiul hartos de esa rivalidad tan de balcones a la calle. O de puertas de la roulotte abiertas.

En Nancy & Tonya ambas dan su versión de las cosas. Harding sale en los dos documentales pero Kerrigan sólo en el de la NBC. De ahí su valor. Lo fundamental en este es comprobar la pandilla de bobos que había tras el ataque. Granujas de medio pelo. A Harding le preguntan por su guardaespaldas: "Era un gordo idiota. Nunca fue mi guardaespaldas. ¿Crees que yo habría necesitado un guardaespaldas? ¿Y por qué iba a contratar a alguien tan estúpido como ese?". A Kerrigan le preguntan por el hecho de ser atacada por idiotas: "Soy afortunada de que no se juntaran unos buenos criminales". Se atacada por idiotas debe de ser como que tu marido te la pegue con María Lapiedra.

Resulta esperanzador que a veces los malos de verdad sean más tontos que los de ficción. Sería difícil incluir a Tonya Harding en la nómina de malas malísimas. En la de las televisivas, por ejemplo. Es decir, sería imposible ponerla junto a la Claire Underwood de House of Cards, la Livia de Los Soprano, la anterior Livia de Yo Claudio, la Patty Hewes de Damages, la Nina Myers de 24 o la Snoop de The Wire. Tonya es mala de dibujos animados. Como Gargamel. Lo suyo es más de gentuza que de mala de postín. Además, pobre, está horrorosa (Nancy, no). Con una de esas malas pécoras de la tele como rival, Nancy Kerrigan no tendría rodillas de las que hablar.

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