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La piel de Katharine Hepburn

"En vivo su aspecto es horrible… Es inconcebible que continúe exhibiéndose en público”, comentó el fotógrafo Cecil Beaton.

Rosa Belmonte
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Katherine Hepburn | Cordon Press

Cecil Beaton (1904-1980) los sacaba guapos en los retratos pero luego les metía el rejón. "Malice in Wonderland" (Malicia en el país de las maravillas) lo llamaba Jean Cocteau. Con razón. Que el malvado de lengua como un estilete no iba a ser solo Truman Capote. El próximo cuatro de septiembre se publica Cecil Beaton: Portraits and Profiles, donde se aprecia la malicia del fotógrafo, figurinista y diarista. Quizá no se le puede llamar escritor pero El espejo de la moda es un libro imprescindible. Tampoco sorprende mucho lo que se dice en el nuevo. Ya le habíamos leído lindezas de Katharine Hepburn escritas en 1969: "Es torpe, es fea, su interpretación mecánica…". Y lo mejor peor: "Su piel es repugnante y como no se aplica suficiente maquillaje da la impresión de haber pasado la viruela. En vivo su aspecto es horrible… Es inconcebible que continúe exhibiéndose en público". De hecho, la actriz se exhibía y él continuaba fotografiándola. El cine es una mentira, ya saben.

Claro, que alguien que se ha cepillado a Greta Garbo (y ha ido a contarlo, como Dominguín) tiene el listón muy alto. Mi maldad favorita de los retratos y perfiles que ahora se publican es la referida a Grace Kelly, que resulta que era como Julio Iglesias pero al revés. Si de Julio Iglesias el perfil malo es el izquierdo, de Grace Kelly era el derecho. Posó para él en 1965. "Si los dos lados de su cara fueran como el derecho no habría triunfado en la pantalla. Ese lado es como el de un ternero. Pero el lado izquierdo es intensamente femenino". Eso sí, a la realeza ni tocarla. Da igual si era la reina Isabel (a la que fotografió desde 1943), su hermana Margarita o el príncipe Carlos.

Elizabeth Taylor podía ser un bellezón pero también una ordinaria (no más que Richard Burton, desde luego). "Representa todo lo que no me gusta", dijo Beaton de la actriz, a la que disfrutó en 1957. Para el fotógrafo, los Burton reunían lo peor del gusto americano y británico. "Sus pechos, caídos y enormes, eran como los de una mujer amamantando a su pequeño en Perú". De Marilyn Monroe, que posó para él en 1956, tenía mejor opinión. También de su voz, en la que apreciaba “la sensualidad de la seda o el terciopelo”. De Mick Jagger también elogiaba su gentileza y sus maneras perfectas. Aparte de estar fascinado con su cuerpo delgado. Por ser feo y guapo, masculino y femenino. “Podría haber sido un eunuco”. Para Audrey Hepburn, a la que hizo los vestidos de My fair lady, también tenía buenas palabras. Le reconocía la cualidad de estrella, su voz con ritmo y cadencia de canción. Según Beaton, la elegancia consistía en jabón y agua. Sí, a Audrey Hepburn le sentaba muy bien. Que se laven otras, a ver.

Beaton era un señorito de cuna (semi) meneada que ascendió socialmente. Estudió con Orwell y Ciryl Connolly y fue víctima de los abusos escolares de Evelyn Waugh. Abandonó sus estudios en Cambridge y fue contratado por Vogue en 1927 como fotógrafo. También como caricaturista e ilustrador. Uno de los más celebrados retratistas del siglo XX tenía tres fotos en su mesilla al morir: la de Greta Garbo, la del millonario Peter Watson y la de Kin, el amante al que mencionaba en sus memorias.

Cecil Beaton: Portraits and Profiles mezcla fotos y perfiles. Belleza y observaciones agudas. Alta sociedad, alta costura, Hollywood, los años de la guerra… Y a Marlon Brando, que era "pálido como un champiñón".

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