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Lo de Agassi

Las memorias de Andre Agassi, han dejado con la boca abierta a escritores y editores. Son envidiables por su escritura, por su estructura, por su ritmo, por todo.

Rosa Belmonte
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Steffi Graf y André Agassi | Cordon Press

El mejor libro publicado este año en España lo ha escrito un tenista. Vale, no lo ha escrito él, pero eso no lo hace menos autor. Open (Duomo Nefelibata), las memorias de Andre Agassi, han dejado con la boca abierta a escritores y editores. Y ha sido un fenómeno de boca a oreja. Sí, lo lanzaron con muy buenas críticas pero eso no significa nada. El de Las Vegas leyó durante su último US Open en 2006 ‘The Tender Bar’, las memorias de J.R. Moehringer, y quiso que este lo ayudara a escribir las suyas. Elegir a tu negro también es síntoma de talento. Moehringer se negó a que su nombre saliera por ningún sitio, agradecimiento al final aparte, entrevistas aparte. "La comadrona no se va a casa con el niño", dijo para explicarse. El resultado de la colaboración es una verdadera ‘bildungsroman’, una novela de aprendizaje que hace dar la razón a Norman Mailer cuando criticaba El guardián entre el centeno: "Salinger es el favorito de todo el mundo. Parezco ser el único que le considera poco más que la mayor mente que se quedó en la escuela preparatoria". Que es parecido a lo que Carol Burnett cree de las actuales ‘sitcoms’ ("Parecen escritas por adolescentes en el vestuario").

Hay memorias que se leen porque te interesa el personaje. Y también por lo que cuentan, sin importar la calidad literaria. Aunque parezcan una lista de la compra. Pasa con las de Pepe Isbert o las de María Luisa Ponte, apasionantes por muchas razones. Pero es que las de Agassi son envidiables por su escritura, por su estructura, por su ritmo, por todo. También ayuda, claro, que cuente que tomaba metanfetaminas. O que quemaba las habitaciones de hotel para divertirse. O que a veces llevaba añadidos capilares (casi peluca). O que la academia de tenis de Nick Bollettieri era un campo de prisioneros que convertía a sus alumnos en animales (también que para él el tenis fue una prisión durante 30 años). O que dejó de ponerse calzoncillos después de 1997 para jugar. O que para su boda con Brooke Shields se puso alzas en los zapatos. O que de Rafa Nadal diga: "Nadal es una bestia, un fenómeno, una fuerza de la naturaleza, el jugador más fuerte y a la vez más grácil que he visto en mi vida".

Tiene gracia que se utilizara la autobiografía de Bertrand Russell para hacer justo lo contrario. Era uno de los modelos que estaba leyendo J.R. Moehringer. Lleno de conexiones, conclusiones y resúmenes de una frase. El escritor daba por hecho que no estaban en la misma división pero pensó que Agassi podía hacer justo lo contrario. "Podría ser el Bertrand Russell bizarro: verbos en tiempo presente, sin entrecomillados, un torrente de pensamientos". Me gusta saber que Bertrand Russell, un intelectual inmenso, también era un tontarra en muchos aspectos. En su enorme autobiografía salen personajes como Keynes, Conrad, Wittgenstein o Einstein. En lo de Agassi salen Brooke Shields, Jimmy Connors, Becker o Steffie Graf. Una vez, Russell contestó una carta de Thomas Kuhn sobre física cuántica y en la postdata decía a Kuhn que en el futuro se dirigiera a él con sus títulos nobiliarios, que le recordaba. Agassi nunca habría hecho una memez semejante (aunque sus títulos sean de Grand Slam).

Con un libro como este, me pregunto por qué he tardado tanto en leerlo (se publicó en septiembre pero me parece demasiado tiempo). Y, sobre todo, me pregunto por qué no son todos los libros tan flexibles, manejables y fáciles de sujetar como este de la editorial Duomo Nefelibata.

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