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Portavoces y vicetiples

Destituyeron a Teresa Mesa por revelar una conversación íntima con Teresa Romero en la que esta pedía justicia por lo ocurrido.

Rosa Belmonte
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Teresa Mesa en Telecinco | Imagen de televisión

El marido de Teresa Romero salió del hospital el lunes en un coche que conducía su abogado. Una vez pasado el peligro de muerte, se avecina el tabarrazo. Hasta sus vecinos se han puesto en guardia previendo algún tipo de circo. José María Garzón, el letrado de la barba trazada con tiralíneas, conocido por otros caso como el de Sandra Palo, lleva ahora la comunicación y estrategia del ébola familiar. Una preferiría a Olivia Pope o a Ray Donovan. Incluso al abogado de Ben Affleck en Perdida. Y, sobre todo, a Eli Gold. Pero tampoco estaba mal Teresa Mesa ahora que el chistoso abogado de Urdangarín ha desaparecido de las televisiones.

Teresa Mesa es una señora a medio camino entre María Aurèlia Capmany y Gloria Fuertes que de pronto un día decía que su amiga tenía hambre y había pedido chorizo. Portavoz de andar por casa que no desentonaba con los portavoces oficiales de los primeros días y a la que sólo le faltaba ir en bata. La destituyeron de hablar con los periodistas, dicen, por revelar una conversación íntima con la auxiliar en la que esta pedía justicia por lo ocurrido (se incluía el sacrificio de Excálibur). También contó que su amiga se sentía "atropellada". Me imagino a Garzón como a Eli Gold, subiéndose por las paredes. Pero esas cosas más o menos las había estado repitiendo el marido en pijama y nadie le ha puesto una mordaza por sus "desafortunadas" declaraciones. A la señora sin bata también se la atacó por tener un presunto contrato de exclusividad con El programa de Ana Rosa que ella y Telecinco negaron. Confesó que le gustaba ir porque allí estaba "en la gloria" y se sentía querida. Imagínense. Una mujer normal a la que le guste ver a Ana Rosa y, de pronto, ve cómo en el plató le hacen la pelota sólo porque conoce a una enferma de ébola que se ha convertido en el centro de atención. La enferma y ella. En la gloria, claro.

Por lo menos esta vez Ana Rosa y Susanna Griso no han llegado a los pinganillos, como aquella vez en la que el reportero de la primera fue más rápido para encestar el chisme en la oreja de otra portavoz casera, la del niño muerto en Vicálvaro. Luego tuvieron otra riña por Saida Prieto, la aspirante a Reina de Carnaval que se quemó (otra vez ganó el reportero de Telecinco). Con Teresa Mesa también, pero sin necesidad de pelearse en la calle.

El PP ha echado de portavoz para la última andanada de corrupción a González Pons. Portacoz le han llamado alguna vez. Floriano tampoco está mal. Sin olvidar los grandes momentos que ha dado Cospedal (la parte contratante de la primera parte diferida y todo eso). El otro día leí que Luis Enrique prepara las ruedas de prensa con su psicólogo de cabecera, Joaquín Valdés. Me pregunto cómo serían sin preparación. ¿Cómo las de Ana Mato? Ayer, el marido de Teresa Romero dio una rueda de prensa y, entre otras cosas, dijo: "Ahora el marrón de hablar con vosotros que se lo coman los abogados". Me temo que ya se acabó el alboroto y ahora empieza el tiroteo.

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