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Las esclavas libres

Halle Berry pidió al juez que su marido dejara de alisar el pelo a Nahla, la hija de ambos. La actriz aseguraba que Aubry estaba tratando de blanquear a la niña.

Rosa Belmonte
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Halle Berry y su hija Nahla | Cordon Press

Halle Berry es tan negra como Jennifer Beals, aunque menos que Valentino o Ana Mato. Ninguna de las dos actrices, hijas de padre afroamericano y madre blanca, tienen precisamente el aspecto de Lupita Nyong’o, que parece escapada del casting de Raíces (bueno, algo así es 12 años de esclavitud). Las otras no serían aceptadas por poco negras. Cualquiera de las dos primeras, sobre todo Beals, habría podido hacer de Sarah Jane en Imitación a la vida. Susan Kohner, quien interpretó a la tonta que renegaba de su madre y acababa montando un espectáculo en el entierro ambientado por Mahalia Jackson, no era negra. Es hija de la actriz mexicana Lupita Tovar (y madre de los directores Paul y Chris Weitz). Su parte mexicana era toda su parte oscura (no pálida). Mucho más marrón aparecía Jennifer Jones en Duelo al sol (nunca unos dientes han brillado más sobre una piel tan artificialmente bronceada; parecía que se le iba a borrar el pringue, como al muerto de El hombre que sabía demasiado).

Halle Berry, convertida en pajiza adalid de la negritud, parece cliente en una serie loca de abogados, un personaje de Boston Legal o de The Good Wife. El lunes de la semana pasada pidió al juez que su marido, el rubio y franco canadiense Gabriel Aubry, dejara de alisar el pelo a Nahla, la hija de ambos, de seis años. La actriz aseguraba que Aubry estaba tratando de blanquear a la niña. Berry es defensora de la ‘regla de una gota’ (one drop rule), término tradicional para catalogar como negro a todo aquel que tenga ascendencia africana. Una gota de sangre es suficiente. "Yo soy negra, soy su madre y creo en la teoría de una gota", dijo en una entrevista. Y al final, el juez decidió que tanto Aubry como Berry tienen que mantener el pelo de Nahla en su estado natural. Rizado. Pobre niña.

Chris Rock hizo en 2009 un estupendo documental para HBO Films titulado Good Hair (pelo bueno). La película trata de cómo las mujeres afroamericanas han percibido su pelo y cómo lo han peinado, de cómo es la industria de la peluquería. Algo que llevó a discusiones políticas. A si esa expresión seguía teniendo el mismo significado o era equivalente a pelo saludable. El cómico tuvo la idea del documental cuando Lola, su hija de tres años, le preguntó por qué ella no tenía buen pelo. Lógicamente, era rizado y tenía la percepción de que los rizos no están bien. Aunque resulten tan llamativos. John Waters suele decir que Angela Davis, la comunista estadounidense, es sobre todo recordada por su maravilloso pelo afro. Que ya nos gustaría ver así a Kerry Washington en Scandal. Esta, como la mayoría de negras de relumbrón se alisa el pelo. Que ya me gustaría saber de dónde saca el tiempo Olivia Pope. Igual que se lo alisan Raffaella Carrá o María Patiño. Y Melendi. O Teresa Romero el sábado en Un tiempo nuevo. Otra de pelo rizado es Julianna Margulies. Por eso usa peluca en The Good Wife. Así se evita ir más temprano para una sesión de peluquería. Tiene hijos y poco tiempo.

La esclava libre, de Raoul Walsh, es una más de esas películas clásicas donde una chica aparentemente blanca, Yvonne de Carlo, resulta que es negra. Una sola gota bastará para clasificarte. Con esto de alisarse el pelo, muchas mujeres también son esclavas libres. La hija de Halle Berry todavía no lo sabe.

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