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Ese hombre

Manuel Alejandro es más poeta de lo que Joaquín Sabina va a serlo en toda su vida.

Rosa Belmonte
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Manuel Alejandro y los Reyes | Cordon Press

A veces Manuel Alejandro me cae muy mal. Ayer los Reyes le entregaron la Medalla de oro al Mérito en Bellas Artes. En nombre de los 17 galardonados (Sybilla entre otros), dijo que ellos ya estaban "suficientemente premiados" porque lo que hacen es "limar en lo posible las espinas que pululan por la periferia de la vida para hacerla más grata, más suave y más bonita". Márcate un párrafo si eso. No sé. Lo malo de escuchar la obra de Manuel Alejandro (lo bueno también) es que una acaba pensando en el título de esa película de Jonás Trueba que ni he visto ni pienso ver: todas las canciones hablan de mí. Con José Alfredo Jiménez y con Manuel Alejandro pasa que enseguida te identificas con sus letras en los peores momentos. Exceptuaré ‘Yo soy aquel’ y ‘Soy rebelde’. Pero échate ‘Procuro olvidarte’ a la chepa. O ‘Como yo te amo’. O ‘En carne viva’. O ‘Te quiero, te quiero’. O ‘El amor acaba’, ya la cante José José, Rocío Jurado o Natalia Lafourcade. A veces Manuel Alejandro me cae mal. Cuando pienso que por qué un atildado señorito jerezano puede saber tanto de mi vida. Las letras de Manuel Alejandro son canciones de amor a quemarropa, por tomar prestado otro título, el de la muy celebrada novela de Nickolas Butter. Si las cartas de amor son siempre ridículas, salvo para quien las escribe y para quien las recibe, las canciones consiguen ser universales. En eso consiste la maestría de Manuel Alejandro.

Cuando le preguntaban a Rocío Jurado si esas cosas que cantaba le pasaban a ella, siempre decía que no, que no, que no, que qué dices. Ahí están "Señora", "Ese hombre", "Lo siento mi amor", "Si amanece", "Se nos rompió el amor". El compositor ha dicho que la de Rocío era una voz única, con un gusto y una afinación exquisitos. Pero hay que ver cómo cantaban "Se nos rompió el amor" Fernanda y Bernarda de Utrera. En todo caso quien más le gusta que interprete sus letras es Julio Iglesias. Eso dijo en La Revista: "Me quedo muy a gusto cuando las canta Julio Iglesias. Es muy sencillo, no hace aspavientos. Será porque, como buen andaluz que soy, tengo un gran sentido del ridículo". Madre mía, pienso en el grandullón retorciéndose los gemelos mientras Raphael hace una de las suyas.

Este hombre que estuvo en el entierro de Agustín Lara (‘Amor de mis amores’, otra que tal) es más poeta de lo que Joaquín Sabina va a serlo en su vida. Lo de Sabina es tipo ‘mi corazón palpita como una patata frita’ al lado de las letras de Manuel Alejandro. "El amor acaba. Porque se vuelven cadenas lo que fueron cintas blancas". O "Las cosas tan hermosas duran poco, jamás duró una flor dos primaveras". O "Que tengo el corazón en carne viva, que yo podría morir, que estoy sin vida, que nada me interesa, que todo en mí es tristeza, sin ella, sin ella". No puedo dejar de pensar en el autor sufriendo con la interpretación alucinógena que de esta canción (y de todas) hace Raphael. A veces Manuel Alejandro me cae muy bien.

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