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El 'Roast de El Gran Wyoming' enfrentado a los roasts americanos se quedó en poca cosa. Fueron chascarrillos y se limita a leer los chistes de otros.

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'El Roast de El Gran Wyoming' | Imagen promocional

En El Roast de El Gran Wyoming, una birria comparado con los americanos, Pablo Carbonell dijo del humorista barbudo Antonio Castelo que le pasaba con él como a todo el mundo: no sabía quién era. Algo parecido sucede con Christopher Mateo, el ganador de Supervivientes. Entró en la división de famosos de garrafón y acabó en la misma categoría pero imponiéndose a Nacho Vidal en la final. Supervivientes es un trasunto de la política española. Lo que duró la gala del domingo es parecido a lo que está durando la campaña electoral que empezó en Andalucía, pasó por ayuntamientos y comunidades, continuará en Cataluña y acabará con la traca final de las generales. También se parece por lo de las nuevas caras. Por el hecho de que haya ganado una cara nueva, ande o no ande. En la conferencia política del PP han puesto a los jóvenes a 'riverear', a hacer de Albert Rivera, la amenaza en su categoría. Incluso Andrea Levy parece un intento de remedar a Inés Arrimadas. Ya veremos cuál de las dos es más tolai, que esto no ha hecho más que empezar y ambas prometen. "¡Cómo debe de estar el PP para que me pongan de vicesecretaria!", pensó Levy cuando Cospedal le comunicó el cargo (se lo he leído a Jordi Pérez Colomé en El Español). Al menos ahí demostró tener algo de cabeza, pero el discurso en la conferencia política no fue mejor que su terrible actuación en La Sexta Noche. Y parece tener de uniforme la cazadora vaquera igual que Christopher tiene el chaleco.

Los riveritas del PP y el abuelo que no saltó por la ventana (Arenas) se paseaban o encaramaban a taburetes haciéndose los nuevos. El abuelo tampoco saltó del taburete. El votante español parece últimamente muy sensible a las novedades. Albert Rivera, uno de nuestros nuevos, tiene dos cualidades principales: a) No es Pablo Iglesias, b) No es Rajoy. Dos negaciones lo encumbran. Tiene suerte de que W.C. Fields esté teniendo esta temporada más vigencia que en su tiempo: "Demonios, yo nunca voto por nadie, voto en contra de alguien".

La política estadounidense no gustaba al legendario cómico. Tenía que haber visto la española. Al menos la de ahora. El Roast de El Gran Wyoming (Comedy Central) enfrentado a los roasts americanos se quedó en poca cosa. Creo que el último que se ha emitido en España es el de Justin Bieber. Lo que le decían a ese hombre (y no le habían visto todavía el culo escurrido) era para no volver a salir a la calle. Lo de Wyoming fueron chascarrillos. Que si se limita a leer los chistes de otros, que si tiene muchos pisos. En la sección "Todo sobre mi madre" que Yolanda Ramos llevaba en El intermedio las palabras eran más gordas, aunque sin ingenio. El nivel de los cómicos españoles no es equivalente, salvo excepciones como Ignatius Farray, al de los estadounidenses. Allí las líneas sí se pisotean y rebasan; aquí rehúsan, como los caballos (luego está lo de Loles León, de un nivelón...). El roast consiste en poner a caer de un burro al invitado. Este los escucha y luego replica. Pero no es sólo el invitado el que recibe, todos los participantes son puestos de vuelta y media. La política española es un roast tan malo como el de Wyoming.

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